Comenzaré diciendo que, hacía bastante que no reía tanto con una serie de TV, las comedias es uno de esos géneros que o funcionan, o no. Pocas veces una comedia lo ha hecho tan bien como en The Studio, la serie creada por Seth Rogen y Evan Goldberg para Apple TV+. Desde su debut, la serie nos presenta un concepto intrigante: burlarse de la industria cinematográfica a través de una historia narrada por un estudio cinematográfico. La serie logra valerse de clichés para sus punchlines y escenas cómicas y sorprendentemente, logra hacerlo bajo la esencia de una auténtica pasión por el cine. ¿El resultado? Una serie que, desde mi punto de vista, se perfila como una de las favoritas para llevarse el Emmy a Mejor Comedia.
Una trama divertida y cercana a la realidad.
La serie, que estrenó globalmente el 26 de marzo de 2025 para streaming en la plataforma de AppleTv +, es producto de la colaboración entre Point Grey Pictures (la productora de Rogen y Goldberg) y Lionsgate Television. Su primera temporada terminó de emitirse el 21 de mayo de 2025 y cuenta con 10 episodios. The Studio no solo cuenta con la creatividad de sus creadores principales, sino también con la participación de Frida Perez, Peter Huyck y Alex Gregory como co-creadores.
El proyecto se filmó en locaciones reales de Los Ángeles durante el 2024, y nos convence de que su desarrollo ocurre en el epicentro de uno de los estudios más importantes de la industria cinematográfica, reforzando la credibilidad de su crítica y permite que las referencias y situaciones se sientan genuinamente arraigadas en la realidad del negocio del entretenimiento.
La historia sigue a Matt Remick (interpretado por Seth Rogen), quien toma las riendas de Continental Studios, un histórico pero tambaleante estudio de cine. Rogen interpreta de manera fenomenal al nuevo director del estudio, un personaje con una ávida necesidad de validación y ejemplifica el estereotipo del cinéfilo convencional, rodeado de una sátira llena de situaciones que, aunque exageradas, parecen perfectamente plausibles dentro del caótico mundo cinematográfico actual.
Lo que más nos atrapó desde el primer capítulo es cómo The Studio equilibra un humor inteligente con una crítica afilada a las decisiones corporativas que muchas veces sacrifican calidad artística por resultados económicos. Y es que, si eres fanático del cine, te sentirás identificado con Remick cada vez que intenta salvar un proyecto digno mientras los ejecutivos lo empujan hacia franquicias absurdas y spin-offs delirantes que rápidamente nos hacen llegar situaciones del mundo real que parecieran ser directamente referenciadas.
La premisa central explora esa tensión eterna entre arte y comercio, mostrando cómo Matt y su equipo de ejecutivos, constantemente lidiando con sus propias inseguridades, deben batallar contra artistas narcisistas y superiores corporativos codiciosos en un entorno donde las películas luchan por mantenerse vivas y relevantes, al mismo tiempo que median entre sus intereses personales que en ocasiones, exacerban las problemáticas en cada historia llevándonos a escenarios divertidísimos y muy entretenidos.

Cameos brillantes y referencias cinéfilas
Una de las joyas más destacadas son sus cameos. La aparición de Martin Scorsese en una hilarante reunión intentando vender una película “pequeña y personal” que el estudio quiere convertir en blockbuster de acción, o ver a Zoë Kravitz parodiándose a sí misma, son momentos de pura genialidad. No solo aportan credibilidad a la sátira, sino que además ofrecen un guiño constante al espectador cinéfilo, acercándose con delicadeza a la “cuarta pared”, mezclando personajes ficticios con escenas y nombres reconocidos en Hollywood.
El desfile de estrellas que hacen apariciones especiales es verdaderamente impresionante: desde Charlize Theron y Ron Howard hasta Adam Scott y Olivia Wilde, pasando por Bryan Cranston como estrella invitada. La serie logra que estas apariciones no se sientan forzadas o como meros trucos publicitarios, sino que cada cameo sirve a la narrativa y refuerza la autenticidad de la sátira sobre la industria.
Además, la cantidad de referencias populares es simplemente deliciosa. Desde guiños sutiles a clásicos como Sunset Boulevard y parodias directas a franquicias tipo Marvel, hasta la genial sátira sobre películas basadas en marcas comerciales (el episodio dedicado a producir una película sobre el Kool-Aid Man merece un lugar especial en el Olimpo televisivo). Estos detalles no solo hacen reír, sino que invitan a pensar sobre el rumbo del entretenimiento actual. Una de las sutilezas que más nos ha agradado es el cómo han abarcado temáticas “serias” y las convierten en sketches cómicos de una manera sublime, un ejemplo claro es la sub-trama de la película sobre Kool-Aid Man, donde durante prácticamente un episodio completo se nos presenta un caos originado por los personajes sobre el casting de los actores de doblaje para la cinta, preocupándose de si la selección de actores es lo suficientemente “inclusiva” o al contrario, podría ser percibida como racismo. Entre escenas exageradas (y súper divertidas) logran presentar uno de los episodios más divertidos de la serie desarrollado a partir de un tema que potencialmente y bajo situaciones distintas podría haber sido controversial.

Personajes entrañables (y desastrosos)
Pero la verdadera fuerza del show radica en su elenco. Catherine O’Hara, en particular, está en plena forma, haciendo gala de un humor sutil, sarcástico y brillante en cada aparición. La veterana actriz, conocida por sus icónicos roles en Home Alone, Beetlejuice y más recientemente en Schitt’s Creek (por el cual ganó un Emmy), interpreta a Patty, una productora veterana respetada que aporta esa experiencia necesaria para navegar el caos de Continental Studios.
Kathryn Hahn, con su capacidad única para manejar el caos con una sonrisa, se roba también varias escenas clave interpretando a Maya, la audaz líder de marketing. Hahn, quien recientemente brilló en Agatha All Along y fue nominada al Emmy por Pam & Tommy, demuestra una vez más su versatilidad cómica y su habilidad para encontrar la humanidad en personajes aparentemente superficiales.
Sal merece una mención especial como uno de los antagonistas más sutilmente brillantes de la serie. Barinholtz construye un personaje que encarna perfectamente al ejecutivo de estudio que todos conocemos: ambicioso, manipulador, pero con suficiente carisma para que Matt (y nosotros) no terminemos de odiarlo completamente. El episodio 8, centrado en los Golden Globes, se convierte en un momento estelar para el personaje cuando, de manera completamente inesperada, Sal se convierte en el protagonista accidental de la ceremonia. Lo que comienza como una broma interna se transforma en un running gag hilarante donde prácticamente todos los ganadores en el escenario agradecen a “Sal Saperstein” en sus discursos de aceptación, incluyendo a Adam Scott (interpretándose a sí mismo) quien menciona cómo Sal le ofreció un sofá para dormir en los primeros días de su carrera. La ironía de que Sal obtenga todo el reconocimiento público que Matt desesperadamente busca, sin siquiera estar presente para disfrutarlo, es pura genialidad narrativa que expone las neurosis de la industria sobre el crédito y el reconocimiento. El broche de oro sin duda, el personaje interpretado por Rogen quien, interpreta con un ritmo y fluidez logrando que la química entre el resto de personajes se sienta natural y entretenida.
La dinámica entre todos estos personajes crea un ecosistema perfecto donde cada uno representa un arquetipo diferente de la industria, pero sin caer en la caricatura unidimensional. Son personajes complejos, con motivaciones reales y contradicciones humanas que los hacen entrañables incluso en sus momentos más desastrosos.

El contexto perfecto para una sátira necesaria
The Studio llega en un momento particularmente oportuno para la industria del entretenimiento. En una era donde los estudios luchan por equilibrar el arte con las demandas del mercado, donde las decisiones creativas a menudo se subordinan a las métricas de taquilla y donde la cultura de los superhéroes y las franquicias domina el panorama cinematográfico, la serie ofrece una reflexión mordaz pero cariñosa sobre estos desafíos.
La serie también se beneficia del pedigrí de Seth Rogen, quien no solo aporta su experiencia como actor y productor, sino también su comprensión íntima de los mecanismos de Hollywood. Sus recientes trabajos, que incluyen su nominación al Emmy por Pam & Tommy y su participación en proyectos como The Super Mario Bros. Movie, le dan una perspectiva única sobre los diferentes aspectos de la industria que la serie satiriza.

Una comedia sobre el cine, por amantes del cine
En definitiva, The Studio es una serie imprescindible para quienes aman el cine y entienden sus contradicciones. Es divertida, ácida, y tremendamente bien ejecutada. Combina con maestría humor inteligente con críticas muy certeras sobre una industria que todos amamos y, a veces, detestamos también.
La serie logra algo particularmente difícil: ser una crítica feroz sin volverse cínica, mantener el amor por el medio mientras expone sus defectos más evidentes. Es una carta de amor envuelta en una sátira, un ejercicio de auto-reflexión que la industria necesitaba y que los espectadores merecían.
Si aún no la has visto, definitivamente deberías darle una oportunidad, es una de las mejores comedias televisivas que se nos han presentado en años recientes. Con Apple TV+ apostando fuerte por contenido de calidad y un equipo creativo que claramente entiende tanto la comedia como la industria que satiriza, The Studio se posiciona no solo como entretenimiento de primera, sino como un comentario cultural relevante y necesario sobre el estado actual de Hollywood.