Hay algo extraño en ver a Jonah Hill construir una carrera como director mientras el mundo todavía lo asocia a comedias de fraternidad y a ese chico que estuvo nominado al Oscar dos veces sin que nadie terminara de tomárselo en serio del todo. Esa tensión entre lo que uno es y lo que el público decide que eres, es exactamente el corazón de Outcome, su segundo largometraje de ficción, disponible en Apple TV+. Hill sabe perfectamente lo que está haciendo cuando pone esa incomodidad en pantalla.
Outcome es una comedia negra escrita por Hill junto a Ezra Woods, protagonizada por Keanu Reeves, Cameron Diaz y Matt Bomer, con Hill también delante de la cámara: una sátira de Hollywood que tiene instintos certeros y un guión que no siempre está a la altura de ellos.

DE QUÉ VA
Reeves interpreta a Reef Hawk, una estrella de Hollywood descubierta de niño en un concurso televisivo, que llegó a ganar dos Oscars antes de retirarse de la vida pública. Reef lleva cinco años sobrio, en construcción de una nueva versión de sí mismo, lejos de las drogas y del ruido. Todo eso se sacude cuando su abogado de crisis, Ira Slitz interpretado por el propio Hill, le comunica que alguien lo está extorsionando con un video de contenido comprometedor.
El problema: Reef no tiene memoria de haber grabado nada así, y como adicto en recuperación, hay mucho de sus días más oscuros que simplemente no recuerda. Entonces arranca lo que la película convierte en su estructura central: una gira de redención en la que Reef sale a buscar a todos los que pudo haber lastimado en el pasado, para pedir perdón antes de que el video salga a la luz.
Lo que sigue es una serie de encuentros. Primero, su antiguo manager Richie “Red” Rodriguez, interpretado por Martin Scorsese. Luego su madre, una figura maternal fría que solo accede a tener la conversación si Reef lo hace frente a las cámaras de su reality show. Después, una exnovia, que le dice sin rodeos que simplemente no es buena persona. Y finalmente, el enfrentamiento más íntimo: sus dos amigos de toda la vida, Kyle y Xander que cargan con el peso de haberlo protegido siempre.
Hill ha explicado que la película es, en el fondo, una alegoría sobre las redes sociales: todos somos el Reef Hawk de nuestra escuela, observados y juzgados de la misma forma en que los tabloides siguen a las celebridades.

JONAH HILL DETRÁS Y DELANTE DE LA CÁMARA
Con Outcome, Hill confirma ciertas cosas que ya asomaban en Mid90s: tiene un ojo real para la textura visual, trabaja bien con actores de distintos registros, y entiende que el silencio puede cargarse de sentido. La fotografía de Benoît Debie le da a la película una atmósfera artificial y vibrante a través de encuadres bastante cerrados que en ocasión dan una sensación de claustrofobia. La línea visual de la película le aporta un aspecto casi onírico, tonos sepias y mates que dan la impresión de que se está viviendo en un mundo artificial y “perfecto”.
Pero como guionista, Hill tiene un problema que ya tenía antes: no siempre sabe cuándo una escena terminó. Hay momentos en Outcome donde las personas escupen mucho diálogo a forma de verborrea y se pierde la intención cómica. La estructura se vuelve repetitiva: Reef corre por la ciudad de encuentro en encuentro enfrentándose a su pasado donde después de la segunda visita se vuelve evidente que la persona extorsionando no se encuentra en ninguna de las personas que va a visitar. Acá no hay sorpresa alguna cuando el desenlace nos lo confirma.
Como actor dentro de su propia película, Hill construye a Ira Slitz desde un lugar de comedia cruda y acelerada que funciona en ráfagas cortas. Pero cuando el personaje intenta anclar escenas más dramáticas, el tono se fractura. Hill no termina de decidir si Ira es el corazón cómico de la película o su motor narrativo. Se siente como un personaje plano, con un trasfondo que no tiene sentido con la personalidad que vemos en pantalla aunque quizá esta contradicción sea parte de lo que Hill quiere que veamos.
Lo que sí vemos, con más claridad que en cualquier otro proyecto suyo anterior, es un cineasta que está desarrollando un lenguaje propio. Que todavía no lo domina del todo no significa que no esté ahí.
EL GUIÓN Y LOS PERSONAJES
El guión de Outcome tiene un defecto central que ningún cameo estelar puede corregir: sus personajes no pesan lo suficiente.
Keanu Reeves hace lo que puede con Reef Hawk, y hay momentos en que esa introspección suya, esa forma de escuchar que tiene, ese silencio que ocupa físicamente, casi convierte al personaje en algo. Es tan directo, tan genuinamente simpático, que termina socavando lo que supuestamente debería tener de gracioso: simplemente no te crees que Reef, encarnado por Keanu, pudiera haber sido alguna vez tan mala persona.
Y ese es el problema de fondo. La sátira necesita que la contradicción sea creíble. Si el público no puede imaginarse a este hombre haciendo algo verdaderamente reprehensible, toda la estructura del chantaje se desinfla. Reef se siente demasiado limpio para la historia que Hill quiere contar. Reeves en sobriedad es Reeves tranquilo, sereno, observador. Lo que la película nunca logra mostrarnos es quién era Reef cuando no lo era.
Cameron Diaz, en su segunda aparición en pantalla tras romper su propio retiro, queda atrapada en diálogos que no la dejan moverse. Kyle, su personaje, existe para ser leal y para sufrir, pero el guión no le construye una vida interior. Matt Bomer tiene mejor suerte: su personaje Xander le da a la película algunas de las pocas carcajadas directas y sin pretensiones. Bomer entiende exactamente qué tipo de película es esta, y actúa en consecuencia. Eso se nota, y se agradece.
Los amigos, en conjunto, oscilan entre ser el ancla emocional de Reef y ser relleno funcional. A veces en la misma escena.

SCORSESE Y LO QUE FUNCIONA
La primera parada de la gira de Reef es el lugar de bolos donde fue descubierto de niño, para enfrentarse a Richie “Red” Rodriguez, el manager al que abandonó sin miramientos una vez que dejó de necesitarlo. Ese personaje lo interpreta Martin Scorsese.
Y Scorsese la rompe.
Es la interpretación más humana y de mayor modulación que tiene la película. Scorsese no está ahí para hacer de Scorsese, no está guiñando el ojo a la cámara ni jugando con su propia identidad. Está actuando, con una contención que contrasta brutalmente con el tono general del film. Hay algo en la escena que comparten el personaje Scorsese y Keanu que me hizo prestar atención y sentir la parte más humana de todo el filme y que por unos minutos convierte a Outcome en la película que debería haber sido todo el tiempo.
En la entrevista con Interview Magazine, el propio Scorsese le dijo a Hill que al ver la escena se olvidó de que era él. Que no podía ver lo que la cámara estaba haciendo porque estaba completamente dentro del personaje. La escena casi logra ser genuinamente conmovedora. El “casi” importa, porque la película no sabe exactamente cómo aterrizar lo que Scorsese construyó. Pero el momento existe. Y es el highlight más genuino que tiene Outcome.
Espero que Scorsese siga explorando estas apariciones. No el Scorsese como ícono que aparece a validar una producción, sino este: el Scorsese metido en un nuevo personaje.
Outcome es una película que sabe lo que quiere criticar: la cultura de la cancelación, la fragilidad de la fama, la diferencia entre quien uno es y quien el mundo decide que eres. Pero que no siempre encuentra la forma cinematográfica ni narrativa correcta para hacerlo. Tiene escenas que funcionan. Tiene ideas que valen. Tiene una fotografía que está claramente por encima del promedio de lo que Apple TV+ estrena en un fin de semana cualquiera.
La cantidad de actores veteranos de peso que aparecen aquí, muchos de los cuales llevan años sin actuar, termina elevando el material más allá de lo que el guión les daba en papel. Eso es algo. Y también es un problema, porque una película no debería depender de eso.
Jonah Hill, como cineasta, está en un proceso que me interesa seguir. Mid90s era una carta personal. Outcome es un intento de sátira con ambición real. Que no termine de aterrizar no lo invalida: lo ubica en una etapa de desarrollo. Los directores que valen crecen entre sus tropiezos, no a pesar de ellos.