Parthenope. La Belleza Como Condena y Liberación.

“Parthenope”, presentada en el Festival de Cannes 2024 con una ovación de 9.5 minutos, confirma tanto nuestras expectativas como nuestros miedos. Es una película que te atrapa desde el primer minuto con su belleza arrolladora, pero que al mismo tiempo te hace cuestionar si esa misma belleza no termina siendo su mayor obstáculo narrativo.

 

EL PESO DE LA BELLEZA NAPOLITANA

La película nos presenta a Parthenope, interpretada por la revelación Celeste Dalla Porta, una mujer que nace en 1950 en la bahía de Nápoles y cuya vida transcurre como una sinfonía visual de la Italia de posguerra. Sorrentino construye su narrativa alrededor de un concepto fascinante: ¿Qué significa ser extraordinariamente bella en un mundo que constantemente te reduce a esa sola característica? La protagonista navega décadas de su existencia mientras Nápoles se transforma a su alrededor, y nosotros como espectadores somos testigos de cómo la belleza puede ser tanto un don como una maldición.

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Lo que más me impresiona de la propuesta de Sorrentino es cómo logra que cada frame se sienta como una postal de época sin caer en la nostalgia vacía. El director, que ya nos había deslumbrado con su Roma en “La Gran Belleza”, ahora nos ofrece una Nápoles que respira, suda y vibra con una autenticidad casi táctil. La cinematografía de Daria D’Antonio captura no solo la luz dorada del Mediterráneo, sino también esas sombras melancólicas que caracterizan el trabajo de Sorrentino. Cada plano está construido como una pintura barroca, pero nunca se siente pretencioso o vacío de contenido emocional.

 

Parthenope. 2025. Dir. Paolo Sorrentino

 

ACTUACIONES QUE TRASCIENDEN LO DECORATIVO

Celeste Dalla Porta entrega una interpretación que confirma por qué Sorrentino confió en ella para llevar toda la película sobre sus hombros. No es fácil interpretar a un personaje que debe ser magnético por su belleza, pero que también necesita profundidad emocional para sostener casi dos horas y media de metraje. Dalla Porta logra ese equilibrio delicado entre la vulnerabilidad y la fuerza, mostrando a una mujer que comprende el poder de su apariencia pero también sufre las limitaciones que esta le impone. Sus mejores momentos llegan cuando el personaje se enfrenta al paso del tiempo, y la actriz logra transmitir esa melancolía universal del envejecimiento sin caer en el dramatismo forzado.

Gary Oldman, en un papel secundario, aporta esa gravitas que caracteriza sus mejores trabajos recientes. Su personaje funciona como una especie de narrador filosófico que contextualiza la historia de Parthenope dentro de un marco más amplio sobre la condición humana. La química entre ambos actores es palpable, y sus escenas juntas están entre las más emotivamente resonantes de toda la película. Oldman entiende perfectamente el universo de Sorrentino y se mueve en él con una naturalidad que hace que olvides que estás viendo a uno de los actores más reconocibles del cine contemporáneo.

 

LA EVOLUCIÓN VISUAL DE SORRENTINO

Si “La Gran Belleza” era Sorrentino explorando la decadencia romana con una cámara casi omnisciente, “Parthenope” representa una maduración de su lenguaje visual. Aquí la cámara es más íntima, más pegada a la piel de sus personajes. Los movimientos de cámara siguen siendo elaborados y coreográficos, pero ahora sirven a la narrativa de una manera más orgánica. La secuencia donde Parthenope camina por las calles de Nápoles mientras la ciudad despierta es puro cine de Sorrentino, pero también funciona como una declaración de intenciones sobre cómo el personaje se relaciona con su entorno.

La banda sonora merece mención especial. Sorrentino siempre ha tenido un oído excepcional para la música, y en “Parthenope” utiliza tanto composiciones originales como piezas clásicas para crear una atmósfera que oscila entre lo onírico y lo melancólico. La música no solo acompaña la acción, sino que funciona como un personaje más, comentando y amplificando las emociones que los actores transmiten en pantalla.

 

CUANDO LA BELLEZA SE CONVIERTE EN OBSTÁCULO

Sin embargo, “Parthenope” no está exenta de los problemas que han caracterizado algunos trabajos recientes de Sorrentino. En ocasiones, la obsesión del director por la perfección visual eclipsa el desarrollo narrativo. Hay secuencias que, por hermosas que sean, se sienten un poco vacías de contenido emocional, como si Sorrentino hubiera privilegiado el impacto visual sobre la coherencia dramática. La película funciona mejor en sus momentos más íntimos y personales, y pierde fuerza cuando se aventura hacia el simbolismo más grandilocuente.

El ritmo también presenta algunos desafíos. Con un metraje de 136 minutos, “Parthenope” se toma su tiempo para desarrollar cada idea, cada imagen, cada momento emocional. Esto puede resultar hipnótico para quienes conecten con la propuesta estética de Sorrentino, pero también puede sentirse indulgente para aquellos espectadores que busquen una narrativa más directa. Es una película que exige paciencia y contemplación, cualidades que no todos los espectadores están dispuestos a ofrecer en la experiencia cinematográfica contemporánea.

 

Celeste Dalla Porta en “Parthenope. 2025. Dir. Paolo Sorrentino

 

EL CINE DE AUTOR EN TIEMPOS COMPLEJOS

Lo que más me interesa de “Parthenope” es cómo funciona como una reflexión sobre el cine de autor en el contexto actual. Sorrentino ha construido una carrera basada en un estilo visual muy recognizable, y esta película representa tanto la culminación de esa estética como una interrogación sobre sus propios límites. ¿Puede un director seguir explorando los mismos temas visuales y temáticos sin caer en la autoparódia? “Parthenope” sugiere que sí, pero solo si se mantiene honesto sobre las limitaciones y posibilidades de su propio lenguaje cinematográfico.

La película también funciona como un comentario sutil sobre el papel de la mujer en el cine europeo contemporáneo. Parthenope no es solo un objeto de contemplación estética, sino un sujeto complejo que navega las expectativas sociales y culturales de su época. Sorrentino logra crear un personaje femenino que trasciende el típico arquetipo de “mujer bella y misteriosa” que caracteriza cierto cine europeo, otorgándole una voz y una perspectiva propias que enriquecen considerablemente la narrativa.

“Parthenope” es una película que te queda resonando días después de haberla visto. No es perfecta, y sus excesos estéticos ocasionalmente interfieren con su impacto emocional, pero es una obra madura de un director que ha encontrado su voz y no tiene miedo de explorar sus límites. Es el tipo de cine que nos recuerda por qué el séptimo arte puede ser tanto arte como entretenimiento, tanto reflexión como espectáculo.

Para quienes han seguido la carrera de Sorrentino desde “Il Divo” hasta “La Gran Belleza”, “Parthenope” representa una evolución natural pero también una consolidación de sus mejores cualidades como cineasta. Para los nuevos en su filmografía, puede funcionar como una introducción perfecta a un universo visual único en el panorama cinematográfico contemporáneo. Al final, “Parthenope” es una película sobre la belleza, pero también sobre el precio que pagamos por perseguirla, contemplarla y, finalmente, dejarla ir.

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