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FICM 24: Campeón Gabacho, un golpe de estilo que inaugura el festival de cine de Morelia

Campeón Gabacho, de Jonás Cuarón, luce y se mueve muy bien, pero sus personajes y su tercer acto no sostienen el drama migrante que promete.
Liborio pelea en un gimnasio de boxeo de barrio mientras un grupo lo mira desde las cuerdas Liborio pelea en un gimnasio de boxeo de barrio mientras un grupo lo mira desde las cuerdas
Escena de entrenamiento en Campeón Gabacho. Cinépolis Distribución

La 24ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) se inauguró el viernes 16 de octubre con la proyección de Campeón Gabacho, la cuarta película de Jonás Cuarón como director después de Año uña, Desierto y Chupa. Es una adaptación de la novela de 2015 de Aura Xilonen, quien además coescribió el guion, y sigue a Liborio (Juan Daniel García Treviño), un joven migrante mexicano que cruza el Río Bravo, llega a un barrio latino de Nueva York y termina metido en el boxeo. Antes de Morelia tuvo su estreno mundial en el festival SXSW, donde se llevó el Premio del Público en la sección Narrative Spotlight, y llega a salas mexicanas el jueves 29 de octubre.

También es una película de familia. Alfonso Cuarón la produce junto a Gabriela Rodríguez y Nicolás Celis, la música original es de su sobrino Mateo Cuarón con supervisión de Edgar Barrera, y Bu Cuarón, hija de Alfonso, compuso una canción para la cinta. Con ese respaldo y con la vitrina de ser la función inaugural, esperaba algo más contundente. Me quedé con una película entretenida y muy bien armada por fuera, pero con personajes y un tramo final que no sostienen el peso dramático que su tema pide.

UNA PUESTA EN ESCENA QUE NO DEJA QUE LA PELÍCULA SE ARRASTRE

Lo mejor de Campeón Gabacho está en cómo se ve y cómo se mueve. Jonás Cuarón filma con una cámara dinámica y atrevida, que no se conforma con cubrir las escenas y se anima a movimientos y encuadres arriesgados. Eso le da a la película un pulso constante: aunque la trama transite por terreno conocido, difícilmente se siente lenta. Las peleas, tanto las callejeras como las del ring, aprovechan esa energía y son los momentos donde la dirección luce más.

La producción acompaña. Los escenarios del barrio están bien construidos, el diseño visual es llamativo y los efectos especiales se integran sin quedar en evidencia, algo que no se puede dar por hecho. Se nota que hubo ganas de que todo se viera bien, y se ve bien. La música suma al ambiente: el soundtrack reúne a artistas como Maluma, Anitta y Los Tigres del Norte, y sus temas refuerzan la identidad latina del barrio donde ocurre la historia. En lo técnico y en lo visual, la película cumple con nota alta.

Un joven boxeador y un hombre mayor con una toalla amarilla junto a las cuerdas del ring, bajo luces blancas
Una escena del ring en Campeón Gabacho. Imagen promocional de la película, vía Deadline

UN TEMA CENTRAL QUE OTRAS PELÍCULAS YA TRABAJARON CON MÁS HONDURA

La migración es el eje, pero aquí se cuenta como una historia de superación y de búsqueda de identidad. Liborio tiene que aprender a luchar por lo que quiere y a descubrir quién es en medio de la violencia que rodea a un migrante sin papeles, y el amor por una chica del barrio, interpretada por Leslie Grace, pesa bastante en ese crecimiento. El material es noble, pero no es nuevo. Otras películas han explorado esta experiencia con más profundidad y más riesgo, y Campeón Gabacho no aporta una mirada que no se haya visto ya.

Lo que sí tiene es un tono que se deja ver con facilidad. Mezcla humor y drama sin llevar a ninguno a sus extremos y se conforma con ser una historia medianamente bien contada. Esa decisión la vuelve amable, pero también la deja sin la aspereza que el tema podría pedir. Es una película que acompaña bien mientras dura y que, al terminar, deja poco que discutir sobre la migración misma.

UN PROTAGONISTA QUE SE PARECE DEMASIADO AL QUE YA CONOCÍAMOS

Juan Daniel García Treviño se dio a conocer con Ya no estoy aquí (2019), de Fernando Frías, donde interpretó a Ulises, un joven de Monterrey que baila cumbia rebajada. Ese trabajo le valió el premio Ariel en la categoría de revelación, y es un actor con presencia, eso se nota desde que aparece en pantalla. El problema es que su Liborio se parece mucho a Ulises: callado, retraído, metido en sí mismo y con dificultad para pelear por lo que tiene. A quien haya visto aquella película le va a costar separar una actuación de la otra, y que dos personajes en circunstancias tan distintas terminen sintiéndose como el mismo resulta raro de ver.

La repetición no es solo cuestión del actor. Liborio llega al espectador en su superficie: sus problemas y su pasado se insinúan, pero nunca se profundizan, así que cuesta saber quién es más allá de lo que le pasa. Sin ese fondo, el personaje principal queda frágil justo en la película que depende de que lo acompañemos.

PERSONAJES DE VIÑETA QUE FALLAN CUANDO LA HISTORIA SE PONE SERIA

El resto de los personajes están dibujados como caricaturas, y los juegos de cámara refuerzan esa idea: muchas escenas se sienten como una viñeta de cómic. En las peleas y en las escenas cómicas ese estilo funciona muy bien. El problema aparece cuando la película quiere ponerse seria. Después de presentar a todos como figuras exageradas, cuesta empatizar cuando se tocan temas duros, y el filme no logra aterrizarlos con la seriedad que merecen. Para mí es su falla más grande.

En el tercer acto se hace más evidente. Liborio atraviesa una catarsis y una transformación que no tienen mucho sentido frente a lo que la película había construido. Es una decisión arriesgada y se agradece que arriesgue, pero deja flojos los últimos 20 o 30 minutos, justo donde debería concentrarse la emoción. Parte del problema puede venir de la adaptación: hay bastante distancia entre la novela de Xilonen, que juega con un lenguaje propio entre el inglés y el español, y lo que vemos en pantalla, algo que pasa con frecuencia cuando se lleva un libro al cine.

Póster de Campeón Gabacho: el protagonista con guantes de boxeo plateados cae del cielo junto al Empire State, bajo una lista de insultos contra migrantes
Póster de Campeón Gabacho. Cinépolis Distribución

UNA PELÍCULA DISFRUTABLE QUE QUEDA CORTA PARA ABRIR UN FESTIVAL

Aun con todo, Campeón Gabacho tiene mucho que disfrutar: una dirección con energía, una producción cuidada, buena música y un tono ligero que no pierde el ritmo. Jonás Cuarón ya ha aterrizado mejor otras historias, y aquí se nota el peso de adaptar un material que no se deja domar del todo. Lo que le falta es hondura, personajes con historia propia y un desenlace que se sienta ganado.

Por eso no me parece que mereciera abrir el FICM. Una película inaugural debería dejar huella, y esta se disfruta en el momento y deja poco después, sobre todo frente a una competencia de 96 películas con títulos más pesados, que puedes repasar en el palmarés de la clausura. Se entiende el interés que despierta el apellido Cuarón, y es una película que llega a las salas pensando en un público amplio, algo que vale la pena en medio de la transformación del cine en México. Me gustó y la recomiendo para pasar un buen rato; le falta bastante para ser la película que un festival de esta talla pide para encender su primera noche.

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