Prefiero la muerte, es la reciente producción mexicana de Prime Video creada por Sebastián Sariñana y codirigida junto a Humberto Hinojosa, no pude evitar sentir cierta cautela.
La combinación de comedia juvenil con cine de zombies es un terreno que el cine anglosajón ha transitado hasta el agotamiento, pero que en el audiovisual mexicano rara vez ha encontrado un espacio propio. La premisa nos sitúa en Mendoza, un ficticio poblado provinciano donde la apatía adolescente choca de frente con un brote de muertos vivientes. Rara vez me se ven en producciones mexicanas historias coming of age desde un punto de vista original, donde el protagonista lucha por una crisis existencial que pone en riesgo su vida y sus lamentos adolescentes. La idea de la serie le da cierta frescura y personajes terminan siendo el verdadero salvavidas de una historia que a menudo pierde el rumbo narrativo.

UN COMING-OF-AGE QUE ENCUENTRA SU VOZ EN LA FRAGILIDAD DE SUS PROTAGONISTAS
Lo más estimulante de la propuesta es cómo utiliza la metáfora zombi para hablar de esa etapa extraña y angustiante que es la adolescencia tardía. El conflicto arranca con Archie, interpretado por Diego Bernal, un chico invisible en su entorno escolar cuya rutina se fractura de golpe tras ser mordido por el dueño de una tienda de conveniencia. Lejos de convertirlo de inmediato en un monstruo desalmado o en un superhéroe improvisado, la serie se toma el tiempo de explorar el cambio físico y emocional de Archie casi como una extensión exacerbada de la pubertad. Verlo lidiar con la descomposición de su cuerpo mientras intenta encajar y entender quién es realmente fue, para mí, uno de los puntos más genuinos de toda la temporada. Otra cosa que puedo rescatar es la exploración del dilema del protagonista, su calidad de “muerto viviente” pone en perspectiva sus prioridades y tiene que decidir si relamente vale la pena dejar de serlo o sucumbir antre el proceso.
EL PESO DE LOS VETERANOS FRENTE A LA TENTACIÓN DEL CARICATURISMO
La serie cuenta con personajes secundarios de bastante peso que levantan algunos momentos flojos en los episodios. Cuenta con participaciones de Fernanda Castillo, Luis Fernando Peña y Armando Hernández. Fernanda Castillo, en su papel como Sara Díaz, interpreta a una policía investigadora que también resulta ser el único personaje adulto razonable de la serie. Ella es la única que se interesa por escuchar lo que los jóvenes quieren decir en un pueblo donde todos sus adultos viven circunstancias disfuncionales y carecen del mas mínimo sentido de empatía.
A pesar de ser una producción bastante bien lograda, la cinematografía y los escenarios están a la altura de una producción de alto presupuesto y en ningún momento se sienten carencia de recursos audiovisuales. Los efectos especiales, en específico el maquillaje en los zombies, merece aplausos, este detalle de producción por si solo, hace que la serie sea un espectáculo visual que te enganche a la pantalla y te invita a seguir viendo la serie.
No obstante, estos aciertos audiovisuales no tapan lo obvio: mientras los adolescentes se manejan con un realismo psicológico maduro, la mayoría de personajes adultos caen en un tratamiento que roza lo caricaturesco. Las historias que se nos presentan funcionan sólo porque los adultos son personajes completamente estúpidos y sin capacidad de raciocinio básico. Las subtramas que involucran esquemas piramidales de suplementos y un grupo de señoras ultrarreligiosas y conservadoras a menudo se sienten desconectadas del conflicto central sin llegar a conectarse de manera satisfactoria. Me dio la impresión de que el guion intentó abarcar demasiadas sátiras sociales al mismo tiempo y descuidó la premisa original que se nos presenta en el primer episodio. Por momentos la serie olvida a su protagonista en un intento de crear sub historias que se interconectan pero que al mismo tiempo no tienen relación lógica entre sí.

CUANDO EL RITMO TROPIEZA ENTRE EL HUMOR REGIONAL Y EL TERROR DE GÉNERO
El mayor obstáculo de Prefiero la muerte radica en su incapacidad para sostener un ritmo homogéneo a lo largo de sus ocho episodios. Hay capítulos donde la tensión y la atmósfera de encierro funcionan con notable eficacia, apoyadas por una dirección de fotografía que aprovecha los tonos secos y los callejones solitarios de Mendoza para crear un suspenso palpable. Sin embargo, en la mitad de la temporada la narrativa se estanca en desvíos innecesarios. Se invierte demasiado tiempo en enredos que aportan poco al desarrollo de los personajes principales o al avance del misterio zombi, provocando que episodios enteros se sientan como pausas dilatadas antes de que la trama vuelva a encarrilarse.
Esta irregularidad tonal me dejó una sensación agridulce. Por un lado, aplaudo la valentía de Sebastián Sariñana al no buscar una copia calca de las producciones estadounidenses de infectados, apostando en cambio por un humor negro impregnado de sabor local y una melancolía adolescente sincera. Pero por otro lado, esa indecisión entre entregarse por completo al suspenso visceral o inclinarse hacia una comedia de costumbres termina pasándole factura al clímax. Las escenas de acción, si bien están resueltas con decencia técnica en cuanto a maquillaje y efectos prácticos, a ratos carecen del impacto emocional necesario precisamente porque el suspenso se interrumpió de forma abrupta para dar paso a momentos cómicos que no terminaban de encajar.

UNA PROPUESTA IMPERFECTA CUYA DIGNIDAD DESCANSA EN SU REPARTO
Prefiero la muerte deja un balance positivo pero lleno de oportunidades desperdicicadas. No es una serie que revolucione el subgénero de terror ni una obra redonda en su ejecución técnica; intenta hacer muchas cosas y se queda a medias en cada una de ellas. Terminé el último capítulo sin una impresión marcada y detectable.
La serie es entretenida, tiene buena calidad en su producción audiovisual pero su gran desacierto es su guión. Aún con eso, la serie termina filrteándonos una segunda parte… y quién sabe si logre concretarla. Lo que sí es seguro, si logran aterrizar una narrativa más sólida, esta podría ser una producción mexicana interesante y triunfal.