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FICM 24: Sin sangre, dos actuaciones muy sólidas en una película que se cuece demasiado lento

Sin sangre, de Angelina Jolie, destaca por las actuaciones de Salma Hayek y Demián Bichir, pero su puesta en escena plana la vuelve pesada.
Salma Hayek como Nina, con collar de perlas y saco claro, mira de frente con gesto serio Salma Hayek como Nina, con collar de perlas y saco claro, mira de frente con gesto serio
Salma Hayek como Nina en Sin sangre. Fremantle / Vision Distribution

Sin sangre (Without Blood) es un drama escrito y dirigido por Angelina Jolie a partir de la novela de Alessandro Baricco, con Salma Hayek como Nina y Demián Bichir como Tito, además de Juan Minujín en el reparto. Se rodó en 2022 en Roma, Basilicata y Puglia, tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto de 2024 y llegó a salas de Estados Unidos hasta septiembre de 2026. En México no hay fecha de estreno confirmada, y su primera proyección en el país fue en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), donde tuve la oportunidad de verla.

Es una película complicada de recomendar, y no porque su historia sea difícil de entender, sino porque se toma todo el tiempo del mundo para desarrollar cada hecho. Tiene dos actuaciones muy sólidas y una idea interesante sobre el perdón, pero su puesta en escena la deja plana, y esa lentitud termina pesando más que cualquiera de sus virtudes.

UN DUELO DE PALABRAS QUE NACE DE UNA ATROCIDAD

La película arranca con un grupo de hombres que busca a un médico para asesinarlo. Él esconde a su familia, pero uno de sus hijos sale a defenderlo y los intrusos lo matan. Después matan también al médico, y es entonces cuando uno de los hombres, un joven de no más de diecisiete años, descubre un escondite bajo el piso de la casa, al que se entra por una trampilla, donde está oculta la hija menor del médico. Se miran, y él decide cerrar la trampilla y dejarla escondida para que los demás no la encuentren. Cuando los hombres se van, incendian la casa, y el joven les reclama lo que hicieron, porque imagina que su esfuerzo por salvarla fue en vano.

Pasan los años y vemos a Tito convertido en adulto, con un puesto ambulante, hasta que una mujer lo invita a salir. Él intuye de inmediato que detrás de la invitación hay algo más y acepta la cena. De ahí en adelante la película casi se reduce a una conversación en un restaurante entre Nina y Tito, en la que cada uno cuenta su parte de lo ocurrido y descubre detalles que el otro desconocía. Mientras avanzan, se entiende que ella busca venganza y que está ahí para escuchar lo que él tiene que decir antes de decidir qué hacer. Así empiezan a preguntarse quién fue la víctima, quién tuvo la culpa y qué debería hacerse al respecto.

Lo que me parece más interesante es hacia dónde lleva esas preguntas. Ambos quedaron marcados por las atrocidades de la guerra: ella se inclina hacia la venganza y él hacia el peso de un perdón que nunca pudo pedir, pero al que sabía que se rendiría cuando llegara el momento de afrontar las consecuencias de sus actos. La película propone que el perdón, la reconciliación y la superación del trauma son siempre una alternativa para que el pasado deje de arrastrarnos y nos permita disfrutar del futuro. Es una historia particular, llena de entrelazamientos, que construye un mundo entre dos personajes que nunca se separan por lo que comparten.

Cartel italiano de Senza sangue con un joven asomado por una trampilla y una niña recostada sobre encaje
Cartel italiano de Sin sangre (Senza sangue). Fremantle / Vision Distribution

DOS ACTUACIONES QUE SOSTIENEN CASI TODA LA PELÍCULA

Lo mejor de Sin sangre son sus intérpretes, porque prácticamente todo lo que vemos en pantalla son ellos. Salma Hayek hace un trabajo muy bueno, pero el punto más alto de la película se lo lleva Demián Bichir. Sus historias se cuentan con primeros planos de su rostro, sentado en una mesa de restaurante, y la película depende de que sus expresiones transmitan lo que las palabras no alcanzan a decir. Me parece sumamente destacable lo que logra con tan poco, y es el mayor acierto de la cinta.

También es un reencuentro de gente con historia: Hayek ya había trabajado con Jolie en Eternals, y los dos protagonistas son mexicanos en una producción estadounidense e italiana, un detalle que le da peso a su presencia en Morelia. Con lo poco que se les da, hacen mucho, y por eso la película sigue en pie cuando todo lo demás se detiene.

Angelina Jolie, en cuclillas, da indicaciones a un actor sentado en el piso de una casa antigua durante el rodaje
Angelina Jolie dirige una escena durante el rodaje. Cortesía de Variety

UNA PUESTA EN ESCENA QUE LE ROBA DINAMISMO A LA HISTORIA

El problema es que, aun con esas actuaciones, la película es abrumadoramente lenta y a ratos aburrida, a pesar de durar 91 minutos. Casi el 80 o 90 por ciento transcurre con Hayek y Bichir sentados en un restaurante, y las historias avanzan en un vaivén de “esta es mi versión, pero tú no sabías esto, y ahora que lo sabes, ¿qué opinas?”. Visualmente vemos flashbacks que casi siempre repiten las mismas escenas mientras suena el diálogo, y eso le quita dinamismo e intención a lo que pasa en pantalla. En ocasiones se siente como escuchar un podcast, porque la imagen no ayuda demasiado.

El guion, que Jolie escribió a partir de la novela de Baricco, entrelaza las historias de forma factible, pero ya puesto en pantalla no resulta tan fluido. Me descubrí desconectado más de una vez preguntándome a qué hora terminaba. La fotografía de los pocos exteriores, con paisajes y pequeños fragmentos de ciudad, está muy bien lograda, pero aparece tan poco que no alcanza a rescatar la película. Le faltó algo que la volviera un poco más dinámica sin romper el dramatismo ni el suspenso que busca, porque se queda plana en muchos momentos y le cuesta mantener atenta a la audiencia.

UNA PELÍCULA QUE SE SOSTIENE POR SUS ACTORES

Si no hubiera estado en una sala de cine, estaría distraído haciendo otra cosa, porque la historia hace poco por mantenerme enganchado. Aun así, lo más destacable es el trabajo de Salma Hayek y Demián Bichir: con la cercanía de la cámara y poco material, logran que sus personajes se sientan marcados por lo que vivieron. Quien quiera ver actuación de primer nivel y no le moleste un ritmo pausado puede encontrar algo en ella.

Dudo que tenga mucho éxito en salas si este es el producto final, aunque habrá que ver si llega a estrenarse en México. Para mí es una película con una idea valiosa y dos grandes intérpretes, a la que le faltó cine para sostenerla. Si quieres seguir con lo que se vio en el festival, tenemos la reseña de Campeón Gabacho y la cobertura de la clausura del FICM.

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