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Project Hail Mary: Una adaptación que cambia la forma y conserva el corazón

Project Hail Mary convierte problemas de ingeniería en humor y suspenso, y cambia la novela sin romper su historia.
Ryan Gosling como Ryland Grace dentro de la nave en Project Hail Mary Ryan Gosling como Ryland Grace dentro de la nave en Project Hail Mary
Ryan Gosling en Project Hail Mary. Amazon MGM Studios

Project Hail Mary es una película muy divertida y muy bien lograda como entretenimiento, de esas que se ven con una sonrisa casi todo el tiempo. Phil Lord y Christopher Miller dirigen, con guion de Drew Goddard, la adaptación de la novela de Andy Weir publicada en 2021, y Ryan Gosling interpreta a Ryland Grace, un maestro que despierta solo en una nave sin recordar cómo llegó ahí. La película, producida por Amazon MGM Studios, se estrenó el 20 de marzo de 2026 y se aparta en varios puntos de la novela, pero lo hace a su manera, sin romper la hermosa historia del libro. Lo más interesante de esta adaptación es cómo convierte problemas de ingeniería en suspenso y humor sin que la historia pierda su corazón.

UNA ADAPTACIÓN QUE CAMBIA LA FORMA PARA CONSERVAR EL FONDO

La novela es, en buena parte, el pensamiento de un hombre resolviendo problemas científicos en voz baja, y eso es difícil de llevar a una pantalla sin convertirlo en una clase. La película encuentra sus propias soluciones. Agrega a Carl, un personaje del lado de la Tierra interpretado por Lionel Boyce que no existe en el libro y que le da a Grace alguien con quien hablar, justo porque en la novela casi todo ocurre dentro de su cabeza. También hace más grande la nave, un cambio que el propio Weir aprobó porque en el libro el espacio es muy reducido. Son decisiones prácticas que tienen un efecto claro: lo que en papel era monólogo interior aquí se vuelve acción, diálogo y comedia.

Esa traducción tiene un precio, y creo que es el aislamiento. La soledad de Grace en la novela depende de que nadie más oye lo que piensa, y poner a otro personaje a su lado cambia un poco esa sensación. Pero la película compensa con algo que el libro no podía darle: humor visual, ritmo y la presencia constante de un actor que sabe sostener la pantalla. Es otra forma de contar la misma historia, y funciona porque no traiciona el vínculo central que le da sentido.

EL VUELO ENTRE LAS ASTRÓFAGOS Y EL VALOR DE LO REAL

La secuencia en la que Ryan Gosling atraviesa las astrófagos es de las más bellas de la película, y buena parte de esa belleza viene de que se siente física. Lord y Miller han explicado que se rodó sin pantallas verdes ni azules: la nave se construyó como un set desde adentro, con una gran parte del exterior también construida, y el director de fotografía Greig Fraser trabajó con apagones y luces prácticas. Eso permite que los reflejos en los trajes y los visores y la luz sobre el rostro de Grace se capten en cámara, no se agreguen después.

La producción también habló de una técnica muy particular: Fraser modificó una de las cámaras para quitarle el filtro de infrarrojo y rodeó al actor con una malla de alambre con luces infrarrojas incrustadas, lo que produce un desenfoque rosado que ningún efecto digital imita con la misma textura. Para las distorsiones de líquido, se filmó a través de cristales y embudos mientras la gente del equipo vertía agua sobre ellos. Al menos un reporte asocia la técnica infrarroja con la secuencia de las astrófagos; el resto de las descripciones habla de la película en general, así que conviene tomarlo con cautela. Aun así, el resultado en pantalla se percibe como lo que busca: una escena con peso material, cercana al actor, que no se siente como un fondo.

Ryan Gosling como Ryland Grace sosteniendo un modelo de la Tierra
Ryan Gosling como Ryland Grace en Project Hail Mary. Amazon MGM Studios

Hay un matiz importante: sin pantallas verdes no significa sin efectos digitales. Los directores han aclarado que la película tiene miles de tomas de efectos visuales, entre ellas los entornos espaciales, los exteriores de las naves y buena parte del extraterrestre. La apuesta es la mezcla: lo físico, lo más posible, y lo digital al servicio de eso.

Ryland Grace dentro de una nube de astrófagos rojos
Una secuencia de astrófagos en Project Hail Mary. Amazon MGM Studios

ROCKY, EL HUMOR Y RYAN GOSLING

Rocky es el mayor logro de la película y gran parte de su encanto viene de que, en la mayoría de las escenas, es un títere. Lord lo describió como el logro más singular de los efectos de la película: el personaje se construyó con marionetas prácticas, manejadas por James Ortiz y un equipo de cinco titiriteros, y solo en las escenas en las que rueda con su pequeño traje espacial se recurre al CGI. Eso se nota en la química con Gosling, que tiene frente a sí un compañero real y no una marca en la pared. La película se sostiene en esa relación, y lo hace con mucho humor: los chistes aterrizan, el ritmo no cae y las escenas más técnicas nunca se sienten como una lección.

Ryan Gosling hace un trabajo muy sólido, de esos que se apoyan en el carisma y en la comedia física y que dejan espacio para los momentos emotivos. No me sorprendería que sea nominado a mejor actor por esta película, aunque faltan meses para saberlo. La acogida de la audiencia muestra que la película conectó: abrió con 80.5 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá y 140 millones en el mundo, se acerca a los 680 millones globales con un presupuesto neto de 200 millones, tiene alrededor de 95% de aprobación en Rotten Tomatoes y una calificación A de CinemaScore.

Queda una película que respeta lo esencial del libro, cambia lo que tenía que cambiar para el cine y no pierde humor en el camino. Lo que se disfruta es la amistad, los efectos que se sienten reales y un Gosling en su mejor registro; lo que quedó pendiente es, quizá, esa soledad más densa que solo la novela puede dar. Para quien leyó el libro, es una versión distinta y valiosa; para quien no, es una de las experiencias más disfrutables del año en una sala, junto a otras apuestas recientes del género como Mickey 17.

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