Club Kid es una comedia dramática escrita, dirigida y protagonizada por Jordan Firstman, quien debuta con ella como director de largometrajes. Diego Calva interpreta a Oscar, Cara Delevingne a Sophie y el recién llegado Reggie Absolom a Arlo. La película tuvo su estreno mundial en la sección Un Certain Regard de Cannes el 15 de mayo, con una ovación de siete minutos, y A24 se quedó con ella por unos 17 millones de dólares después de una disputa entre varios estudios. Después pasó por el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), dentro de la selección internacional, y llega a salas de Estados Unidos el 6 de noviembre.
No sabía qué esperar. No siempre que un actor pasa a dirigir entrega algo de calidad, y llegué con esa cautela. Club Kid me quitó la duda: se nota la experiencia de Firstman y su manejo de un tono agradable y humorístico que nunca se eleva por encima de las escenas más sensibles. Es una comedia que no deja que el humor opaque lo importante, y por eso funciona tanto como película divertida como película sensible.
UN PERSONAJE AL BORDE DEL ABISMO
Firstman interpreta a Peter, un promotor de fiestas que trabaja en clubes nocturnos y vive la escena de la música electrónica de la comunidad LGBTQ en Nueva York, donde su día a día son las fiestas, las drogas y los excesos. Un detalle nos dice mucho de hasta dónde llegó su descontrol: en una de esas noches tiene relaciones con una mujer que conoce una sola vez, aunque él no es heterosexual. Con ese gesto la película muestra la influencia que tenían las sustancias en su vida, y lo hace sin necesidad de explicarlo.
Años después se entera de que tiene un hijo de diez años, Arlo, al que nunca conoció. Tras la muerte de la madre del niño, una amiga cercana a ella lo trae desde el Reino Unido hasta Nueva York para dejárselo a su papá. Ni Peter ni Arlo se conocían, y de ahí nace una relación confusa y llena de incertidumbre. Peter acaba de perder su trabajo por el abuso de sustancias, y ahora tiene que decidir qué quiere para sí: seguir con el desenfreno y el caos o hacerse cargo de alguien más. Su autodestrucción ya no repercute solo en él, también en su hijo.
La película sitúa todo esto en la escena de Nueva York, y los clubes, la música electrónica y las fiestas no funcionan como un simple telón de fondo. Definen a Peter y explican por qué cambiar le cuesta tanto: es el único mundo en el que ha vivido sin tener que rendirle cuentas a nadie.

UNA COMEDIA QUE NUNCA RESTA IMPORTANCIA A LO SERIO
Lo que más disfruté es el rumbo que toman los personajes y la manera en que Firstman escribe la historia. La película está llena de escenas muy divertidas, pero en ningún momento se siente que el asunto importante, la relación de Peter con las sustancias, sea menos relevante. No es un drama al cien por ciento y las escenas más sensibles no se profundizan, aunque tampoco creo que hiciera falta: la película no intentaba mostrar eso. Lo que proyecta es un hombre al borde del abismo que debe decidir quién quiere ser.
El desarrollo de Peter no se siente forzado, algo que suele fallar en este tipo de narrativas, donde por arte de magia, de la noche a la mañana, el personaje tiene que tomar una decisión. Aquí el cambio de estilo de vida y de prioridades llega de forma natural, tanto en la actuación como en el guion. Ayuda que la dinámica entre los personajes fluya y que todas las escenas se sientan cohesivas entre sí, sin desconectarse. Es fácil empatizar con lo que vemos y hacerlo propio.
Al tratarse de un debut, lo más fácil habría sido apostar por el chiste constante o por el melodrama. Firstman hace otra cosa: mezcla humor y emoción sin llevar ninguno a su extremo, y deja que los momentos más delicados respiren sin subrayarlos. Esa contención es lo que evita que la película se sienta como un sermón sobre las drogas o como una comedia que se burla de su protagonista.
UN ACTOR QUE SABE ESCRIBIR Y ACTUAR COMEDIA
Jordan Firstman sabe escribir comedia y sabe actuarla, y su interpretación a lo largo de la película es excelente. Como protagonista hace un gran trabajo, y como director me parece una ópera prima muy buena. Las escenas de fiesta y de abuso de sustancias probablemente no sean parte del día a día del público general, pero en algún momento la mayoría de la gente ha vivido situaciones parecidas, y la película logra proyectarlo de forma genuina. Se nota que conoce esa escena y sabe contar ese tipo de historias sin exagerarlas.
Diego Calva tiene un papel de apoyo: interpreta a Oscar, un trabajador social vinculado al niño, y aunque sus momentos en pantalla no son muchos, suman al desarrollo del personaje de Peter. Cada vez que aparece aporta su granito de arena, y como actor de reparto cumple de la misma forma. Es un buen contrapunto para la vulnerabilidad de alguien que nunca había tenido que preocuparse por nadie más que por sí mismo.

UNA ÓPERA PRIMA DIGNA DE MORELIA
Me parece una película sensible, con un ligero tacto de sensibilidad, que retrata la vulnerabilidad de un hombre que no había tenido que pensar en otra persona. Salí de la sala con un excelente sabor de boca, algo que a veces cuesta con películas que tocan temas delicados y que ya se han explorado desde muchos ángulos. Lo logra porque Firstman no intenta darnos una lección ni un juicio moral sobre cómo deberían ser las cosas. Muestra, en cambio, una situación cercana a la realidad, con un personaje que se siente humano y que reacciona a su entorno para intentar ser mejor cada día.
Esa mirada sin sermones me parece lo más valioso de la película, y la convierte en una ópera prima digna de haberse visto en Morelia: bonita, muy divertida y fácil de recomendar. Si quieres seguir con lo que se vio en el festival, tenemos la reseña de Campeón Gabacho, la película que lo inauguró, y la cobertura de la clausura del FICM.