Coyote vs. Acme es una película que casi no existe, y esa es la mitad de su historia. Dave Green dirigió esta comedia que mezcla actores reales con animación digital y que parte de una idea tan sencilla como eficaz dentro del universo de los Looney Tunes: el Coyote demanda a la empresa Acme por los productos defectuosos que lo han hecho fracasar durante décadas. Will Forte interpreta al abogado Kevin Avery, que lo representa junto a un reparto con John Cena, Lana Condor y Tone Bell, y la película se estrenó en cines gracias a que Ketchup Entertainment la rescató de un cajón de Warner Bros. Lo que cuenta en pantalla es una sátira simpática del abuso corporativo, y lo que le pasó fuera de pantalla es una sátira todavía más dura de cómo Hollywood trata sus propias películas.
UNA HISTORIA DE DAVID CONTRA GOLIAT CON COYOTE
La premisa funciona porque llega al corazón de lo que siempre fue el Coyote: un personaje que pierde ante un sistema que no está diseñado para que gane. El juicio contra Acme convierte esa derrota eterna en un asunto de justicia, con un abogado humano que se convierte en el puente entre el mundo animado y el nuestro. Es una idea con tradición: el estilo de humor ante las reglas absurdas de los gadgets de Acme ya existía en las caricaturas, y llevarlo a una sala de tribunal es una manera inteligente de actualizarlo. La mezcla de acción real y animación, además, tiene un encanto que se aprecia desde el primer encuadre, con personajes dibujados compartiendo escena con actores de carne y hueso.

LA PELÍCULA QUE HOLLYWOOD QUISO ENTERRAR
La historia detrás de la película es lo que más debería preocupar. Warner Bros. terminó Coyote vs. Acme en 2023 y en noviembre de ese año anunció que no la estrenaría, con el fin de aprovechar una pérdida fiscal de unos 30 millones de dólares, tras no lograr venderla por una cifra mucho mayor. Ketchup Entertainment compró los derechos mundiales en marzo de 2025, por un monto que se estimó en unos 50 millones, y la película por fin llegó a pantalla grande. Es decir, un producto terminado, con su equipo, su reparto y su historia, estuvo a punto de no verse jamás porque el balance contable convenía más.
Esto debería hacernos pensar en lo que hay de equivocado en una industria que enterró una película completa por razones financieras. Es difícil no imaginar cuántos proyectos hermosos el mundo se ha perdido solo porque a algunos ejecutivos no les importó el arte ni el trabajo de las personas que hacen películas y animación. Detrás de cada proyecto guardado hay guionistas, animadores, actores y técnicos que pasaron años de su vida en algo que nadie verá, y ese costo humano casi nunca entra en el cálculo. La sátira de Acme se vuelve así una metáfora demasiado precisa: una corporación que decide, desde un escritorio, que su producto no vale el esfuerzo de quien lo hizo. Es un tema que ya se asoma, en clave de sátira, en The Studio, pero aquí no es ficción.

LO QUE QUEDA DESPUÉS DE VER Y DE SABER
Queda una película que se disfruta por su humor, por su cariño hacia un personaje clásico y por la manera en que une dos formas de hacer cine; y queda también la sensación de que su existencia es casi un acto de resistencia. Lo bueno es que llegó a la gente y que la gente respondió; lo que quedó pendiente es la pregunta de cuántas otras películas siguen guardadas sin que nadie las vea. Que Coyote vs. Acme haya sobrevivido puede ser una excepción afortunada, pero no debería ser lo normal. Para quien disfruta de las comedias que se burlan de las corporaciones, es una buena película; para quien ama el cine, es un recordatorio de que lo que vemos es solo una parte de lo que se hace.