Spider-Man: Brand New Day llegó a salas el 31 de julio con una responsabilidad que va más allá de contar una buena historia: sostener la taquilla de Marvel en un momento en que el cine de superhéroes empieza a flaquear. Dirigida por Destin Daniel Cretton (el mismo de Shang-Chi), escrita por Chris McKenna y Erik Sommers y con Tom Holland de nuevo bajo la máscara, acompañado por Zendaya, Marisa Tomei, Jon Bernthal y Mark Ruffalo, es una película entretenida, muy bien ejecutada y que disfruté en sala. También es una película que no se arriesga a nada. Es el producto que Marvel necesitaba para vender boletos, no la historia que el personaje necesitaba para evolucionar.
LA PERLA DE MARVEL HACE EL TRABAJO QUE A LOS DEMÁS SE LES DIFICULTÓ
El contexto importa. En 2025 Marvel estrenó tres películas y ninguna terminó de convencer en taquilla: Capitán América: Un nuevo mundo se quedó en unos 415 millones de dólares a nivel mundial, *Thunderbolts** en unos 382 millones, y Los 4 Fantásticos: Primeros pasos, la mejor librada, rondó los 520 millones. Cifras que, con presupuestos de ese tamaño, dejaron a varios analistas dudando de que las dos primeras hubieran dejado ganancias. Después de un par de tropiezos así, el género dejó de sentirse como una garantía.
En ese panorama, Spider-Man sigue siendo la joya de la corona. Brand New Day acumula alrededor de 2,500 millones de dólares, la cifra más alta del año y la más alta que ha logrado un filme del personaje. Con un presupuesto de 225 millones, no solo salvó la temporada de Marvel: confirmó que el público todavía acude en masa cuando el nombre en el cartel es el correcto. La lectura incómoda es que el éxito pertenece más al personaje que a la fórmula, y que el estudio parece haber entendido lo contrario.
LOS EFECTOS PRÁCTICOS Y EL CGI POR FIN SE LLEVAN BIEN
Lo mejor de la película está en la acción, y lo digo sin reservas. Cretton rodó buena parte de ella en calles reales de Glasgow, que hacen de Nueva York, con vehículos blindados, autos de policía y grúas de cámara, y con un equipo que apostó por grabar el mayor número posible de acrobacias directamente en cámara. La coreografía de las peleas corrió a cargo de Peng Zhang, alumno de Brad Allan, y se nota en la claridad con que se entienden los golpes: se ve quién hace qué, dónde está cada personaje y qué consecuencia tiene cada movimiento.
Lo que más me gustó es cómo conviven lo físico y lo digital. Las escenas en las que el trabajo práctico de los especialistas se entrega sin costuras a los efectos por computadora están bien aterrizadas: el CGI se ve pulido y no distrae, y los efectos prácticos hacen el trabajo de mantenerte enganchado en lugar de verse como un adorno. En un estudio que lleva años señalado por sus pantallas verdes apresuradas, que Brand New Day se sienta sólida en lo visual es un mérito real, y la razón principal por la que sus 145 minutos se pasan con facilidad.
UN PETER PARKER QUE NO CAMBIA PORQUE NO LE DEJAN
Aquí está mi reserva. Tom Holland lleva el traje desde 2016, y después de tantos años uno esperaría ver una evolución clara en el personaje. No la hay. La premisa, un Peter que opera solo en una ciudad que ya no lo recuerda, parecía abrir un terreno más incómodo y más adulto, pero la película lo usa de punto de partida y regresa pronto a lo conocido. Marvel sigue apostando por personajes empáticos y simpáticos, fáciles de querer, y evita cualquier decisión que pueda incomodar a una parte de la audiencia. Es la misma lógica de complacer a todos que ya discutíamos al hablar del fan service como arma de doble filo: funciona en taquilla, pero termina acotando lo que se puede contar.
Esa prudencia se nota incluso en el reparto de apoyo. Con nombres como Jon Bernthal, Mark Ruffalo y Florence Pugh en la lista, la película tenía material para incomodar o sorprender, y prefiere mantener a todos en un tono que se puede disfrutar sin pensar demasiado. No es un defecto grave, pero sí la diferencia entre una película que entretiene y una que se queda contigo.
El resultado es una película que hace bien lo que tiene que hacer y no mucho más. Cumple con el humor, con la emoción y con el ritmo, y no toma ningún camino inexplorado ni se permite una salida arriesgada. No encontré nada que realmente la distinga de las entregas anteriores, y eso, para un personaje con diez años de recorrido en pantalla, pesa más que cualquiera de sus virtudes técnicas.
UN FUTURO ABIERTO CON JEAN GREY Y UN HOLLAND QUE MIRA A LA SALIDA
La película también trabaja para lo que viene. Presenta a Jean Grey, interpretada por Sadie Sink, la actriz de Stranger Things, un personaje con el que la franquicia busca claramente expandirse en una dirección nueva. Habrá que ver cómo se desarrolla, porque la película la introduce más como una promesa que como una pieza con peso propio.
Y queda la pregunta de quién llevará el traje después. Holland ha dicho en entrevistas que seguirá interpretando al personaje mientras los estudios lo quieran, pero también que le gustaría ayudar a preparar a un sucesor, y la sensación que deja Brand New Day es la de un actor que ya empieza a despegarse del papel. Con proyectos como la serie Spider-Noir, con Nicolas Cage, y la nueva película animada Spider-Man: Beyond the Spider-Verse en camino para 2027, el universo del personaje crece por varios frentes a la vez, y no es evidente que todos pasen por Holland.
La balanza se inclina a lo positivo por un margen estrecho: es una película que disfruté, bien hecha y con acción de primer nivel, pero también una muestra de la prudencia de un estudio que prefiere no tropezar antes que sorprender. Dejo el futuro del personaje abierto. Lo que Spider-Man necesita ahora no es más escala, sino que alguien, sea Holland u otro actor, se atreva a hacerle cambiar.