Dark Mode Light Mode

Widow’s Bay: La comedia de terror que convirtió el escepticismo en su mejor arma

La serie de Apple TV mezcla comedia y terror porque ambos géneros comparten el mismo motor: lo que sus personajes se niegan a aceptar.
Stephen Root, Matthew Rhys y Kate O'Flynn sentados en un pasillo en Widow's Bay Stephen Root, Matthew Rhys y Kate O'Flynn sentados en un pasillo en Widow's Bay
Stephen Root, Matthew Rhys y Kate O'Flynn en Widow's Bay. Apple TV

Widow’s Bay tiene una de esas ideas que suenan a chiste en una oración y resultan ser un trabajo de precisión: una isla ficticia de Nueva Inglaterra maldita por amenazas sobrenaturales de siglos, y un alcalde que no cree en ninguna de ellas. Creada por Katie Dippold para Apple TV, con Hiro Murai como director y productor ejecutivo, la serie estrenó el 29 de abril y cerró su primera temporada de diez episodios el 17 de junio. Tiene 98% en Rotten Tomatoes, ganó el premio a mejor serie de comedia en los Emmy, se llevó 14 estatuillas, un récord para una primera temporada, y fue renovada para una segunda en junio. Mi tesis es que la serie funciona porque su comedia y su terror comparten el mismo motor: la distancia entre lo que los personajes quieren creer y lo que está ocurriendo en su pueblo.

UN ALCALDE QUE NO CREE EN LA MALDICIÓN

Matthew Rhys interpreta al alcalde Tom Loftis, y su escepticismo es el centro de gravedad de la serie. Un pueblo con una maldición antigua es un escenario conocido del terror, pero poner en el puesto de autoridad a alguien que insiste en que todo tiene una explicación racional cambia el tipo de tensión. Ya no se trata de si los personajes descubren lo que ocurre, sino de cuánto tiempo pueden seguir negándolo, y esa resistencia es una fuente natural de humor.

Alrededor de él, el reparto completa un retrato de pueblo pequeño: Kate O’Flynn como Patricia Moyer, Kevin Carroll como el sheriff Bechir Clemmons, Dale Dickey como Rosemary, Kingston Rumi Southwick como Evan Loftis y Stephen Root como Wyck Crawford. Son rostros que ayudan a que el lugar se sienta habitado, con vecinos que se conocen y se estorban. Es un tipo de comedia de comunidad que funciona porque se apoya en lo cotidiano, y eso hace que lo sobrenatural resulte más incómodo cuando aparece.

La forma de estrenar también ayudó. La temporada se publicó de manera semanal entre el 29 de abril y el 17 de junio, un formato que permite que cada episodio genere conversación antes del siguiente, algo valioso para una serie con misterios que van construyéndose. En un catálogo de streaming donde muchos estrenos desaparecen en una semana, esa estrategia le dio a Widow’s Bay tiempo para crecer, y los 14 Emmy sugieren que ese tiempo fue bien aprovechado.

CUANDO LA COMEDIA Y EL TERROR COMPARTEN MOTOR

El mayor riesgo de una mezcla como esta es que cada género debilite al otro: la broma que desinfla el susto, o el susto que apaga la broma. Los críticos coincidieron en que Widow’s Bay logra mantener ambos tonos, y la lista de premios lo confirma. Además de los Emmy, ganó el premio a mejor serie de horror en los Critics’ Choice Super Awards, un reconocimiento que no suele coincidir con el de comedia. Que una misma serie sea celebrada en ambos mundos dice algo sobre la forma en que equilibra sus ingredientes.

Mi lectura es que el truco está en que la serie no parodia el terror, lo toma en serio. Los personajes reaccionan a lo extraño como lo harían personas reales, con negación, con vergüenza o con pragmatismo, y de ahí sale la risa. La comedia no está en que lo sobrenatural sea ridículo, sino en que quienes lo viven se esfuerzan en parecer normales. Es un enfoque más difícil que la parodia, porque exige que el miedo funcione de verdad para que la comedia tenga sentido.

Detrás de cámara, Hiro Murai, conocido por su trabajo en Atlanta y en videos musicales, aporta una mirada visual que le da a la serie una identidad reconocible. La duración de los episodios, entre 31 y 48 minutos, también marca el ritmo: son capítulos compactos, más cercanos a una comedia que a un drama de prestigio, lo que ayuda a que el terror no se vuelva pesado. Es un formato que premia la economía, y que explica por qué la temporada de diez episodios se siente más ágil de lo que sugiere su cantidad.

14 EMMYS Y UNA PREGUNTA PENDIENTE

La noche de los Emmy tuvo además un contexto particular. La serie llegó con 19 nominaciones y se llevó 14, un aprovechamiento muy alto en una categoría donde otras comedias como Hacks tenían más nominaciones. Ganar contra competidores de ese calibre dice que la serie no fue solo una sorpresa simpática: encontró un lugar entre las comedias más reconocidas del año. Los premios ponen una vara alta para lo que viene. Además de la serie, ganaron los premios de actuación Rhys, O’Flynn, Root y Betty Gilpin, y hubo reconocimientos de dirección y guion. Es un nivel de aceptación que pocas series alcanzan con una sola temporada, y que traslada la presión a la siguiente. Con la renovación ya confirmada, la pregunta es si el mundo de la isla tiene suficiente por explorar sin repetir la fórmula que le funcionó.

La balanza se inclina a lo positivo con claridad. Es una serie con una idea precisa, un reparto que la sostiene y un tono que no se disculpa por ser difícil de clasificar. Para quien busca un terror ligero con humor, es una de las propuestas más inventivas del año; para quien prefiere que cada género se mantenga en su lugar, quizá sea una experiencia desconcertante. En cualquier caso, es una serie que demuestra que las mezclas de género funcionan mejor cuando se toman en serio sus dos mitades, y eso la hace una referencia para lo que venga.

Previous Post

Spider-Man: Brand New Day: Entretenida, pulida y sin riesgos

Next Post
Rhaenyra Targaryen, vestida de negro, sosteniendo una corona dorada en un salón de piedra

House of the Dragon temporada 3: La guerra por fin llega y la serie recupera el pulso