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People We Meet on Vacation: Una comedia romántica que sabe exactamente cómo terminará

La comedia romántica de Netflix no arriesga nada y no lo necesita: cumple, entretiene y llega exactamente adonde todos esperaban.
Emily Bader y Tom Blyth caminando por un bosque con mochilas en People We Meet on Vacation Emily Bader y Tom Blyth caminando por un bosque con mochilas en People We Meet on Vacation
Emily Bader y Tom Blyth en People We Meet on Vacation. Netflix

No soy mucho de ver este género de películas, pero ahí estaba yo, sin ganas de ver nada, y Netflix haciendo lo suyo: promocionando su última película a lo largo de toda la interfaz de mi televisión. Así que le di play. People We Meet on Vacation, dirigida por Brett Haley y basada en la novela de Emily Henry publicada en 2021, llegó a la plataforma el 9 de enero de 2026 con Emily Bader y Tom Blyth como la pareja de amigos que da título a la historia. Es todo lo que esperas de una comedia romántica: sin giros inesperados y con la sensación constante de “ya ves, te dije que iba a terminar así”. No es mala ni es buena: es una película que sabe exactamente adónde va y no arriesga nada en el camino.

UNA ROMCOM QUE RALENTIZA LO QUE TODOS YA SABEMOS

La historia de los personajes se nos va revelando en partes, seccionadas por el paso del tiempo, para responder a la pregunta de por qué ellos dos ya no están juntos. No hay complejidad ni recursividad en la construcción del relato ni en el desarrollo de los personajes. Dos personas se conocen de manera fortuita, tienen una conexión inmediata, se atraen y, aun así, se etiquetan como amistades platónicas a pesar de haber pactado viajar juntos una vez al año, solo ellos dos, nadie más. Eso hacen los amigos, por supuesto. ¿Quién se iba a imaginar que terminarían enamorándose? Nadie lo veía venir, ¿cierto?

La película abre mostrándonos por qué, después de años, esos amigos tan inseparables dejaron de serlo, mientras la protagonista va recordando cada uno de los viajes que hicieron hasta llegar al día en que debe asistir a la boda de su amigo. No sabe si ir, porque sabe que tiene sentimientos por él, y para sorpresa de nadie todos parecen saber que él sigue enamorado de ella y, aun así, sigue con la idea de desperdiciarle la vida a la que sería su futura esposa. La relación se alarga por el simple hecho de que los personajes se niegan a aceptar lo que el público ya sabe, y eso solo ralentiza el momento en que la película por fin llega adonde queríamos que llegara.

DOS CIUDADES QUE HACEN DE UN MUNDO ENTERO

La producción es decente, al estilo de Netflix, y la película sí presume de viajar: la historia pasa por varios países y ciudades. En la práctica, el rodaje se concentró en dos lugares. Netflix cuenta que casi la mitad de la producción ocurrió en Nueva Orleans, con unas 350 personas de equipo, cerca de 800 extras y más de 280 proveedores locales, en sitios como Bourbon Street, Café Du Monde y Jackson Square; el resto se rodó en España, en la zona de Cataluña y la Costa Brava, donde varios escenarios hacen de otros destinos de la historia, como los bosques y los campamentos que sustituyen a los de Canadá o la villa que hace de Toscana. Es una solución inteligente para una película que tiene que cubrir muchos lugares sin gastar un presupuesto de viaje real, y es probablemente la razón por la que todo se ve tan agradable sin que nada parezca un destino imposible.

Por alguna extraña razón, a los escritores les encanta imaginar escenarios románticos y platónicos sobre escritores que sufren por amor, y me pregunto cuántas películas se han hecho bajo la misma fórmula. Lo que más me llamó la atención es el trabajo de la protagonista: al parecer es una escritora de viajes y su único trabajo es recorrer el mundo para escribir historias locas y geniales. Y por supuesto se queja de su trabajo. Es extraño ver este tipo de películas porque, como espectador, no haces más que preguntarte si todos esos escenarios pasan de verdad en la vida real y por qué a ti no te suceden.

Emily Bader y Tom Blyth en un avión en People We Meet on Vacation
Poppy y Alex en uno de sus viajes. Netflix

EL DESENLACE QUE CONSTRUYE TODA LA HISTORIA

El desenlace es el que todos esperamos. No hay riesgo narrativo y, honestamente, no habría por qué haberlo: la historia construye todo para llegar hasta ahí y terminarla de otra forma sería un desacierto. Tampoco hay mucha profundidad en cómo están escritos los personajes, porque la película no la necesita; solo debe mostrarnos lo que hace falta para llegar a su final.

Los números muestran que esa fórmula sigue funcionando. En su primera semana en Netflix, del 5 al 11 de enero, la película encabezó la lista de películas en inglés con 17.2 millones de visualizaciones y, según Nielsen, fue lo más visto en streaming esa semana en Estados Unidos, con 549 millones de minutos. En Rotten Tomatoes tiene alrededor de 76% de aprobación entre la crítica y cerca de 70% entre la audiencia, una cifra que habla de una película que casi nadie ama y casi nadie odia.

Emily Bader y Tom Blyth durante una escena de la película
Los protagonistas de la comedia romántica de Netflix. Netflix

Es el tipo de película que alguien vería porque Netflix se la pone enfrente del televisor a cada rato, y eso, lejos de ser un defecto, explica su éxito: es divertida, te distrae y se deja ver. Lo que funciona es la comodidad de saber qué esperar y de ver a sus personajes llegar adonde tenían que llegar; lo que se queda en el camino es la sorpresa, y con ella cualquier razón para recordarla un mes después. Es una forma muy distinta de hablar de las relaciones modernas que la de Materialists, otra comedia romántica reciente que tuvo algo más que decir. Aquí no hay mucho que buscarle, y está bien así: es una película para pasar el rato.

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