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Backrooms: Los Espacios Liminales llegan a la pantalla grande.

El debut de Kane Parsons convierte una leyenda de internet en terror de A24: una experiencia de espacios liminales que exige conocer el mito.
Chiwetel Ejiofor en Backrooms Chiwetel Ejiofor en Backrooms
Chiwetel Ejiofor en Backrooms. A24

Pocas películas llegan a salas con un origen tan raro como el de Backrooms. Nació como una leyenda de internet sin personajes ni trama, un laberinto de habitaciones amarillas y luces fluorescentes que usuarios anónimos fueron alimentando durante años, y Kane Parsons la convirtió en una serie de cortos en YouTube a partir de 2022. Hoy ese mismo creador debuta como director de largometrajes con una producción de A24 protagonizada por Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, estrenada el 29 de mayo, y la película terminó como la más taquillera en la historia del estudio y de su género. A mí me gustó mucho, aunque entiendo por qué a otros les parecerá una película extraña. Backrooms funciona como experiencia, no como historia, y que eso la vuelve fascinante para quien conoce el mito y desconcertante para quien llega sin él.

UNA HISTORIA DE INTERNET EN LA PANTALLA GRANDE

Conozco bastante bien el fenómeno, y por eso me resulta casi cómico que algo construido por una comunidad en foros y videos terminara en manos de uno de los estudios más importantes de la actualidad, con su creador original detrás de la cámara. Esa trayectoria explica la película mejor que cualquier sinopsis, y confirma una tendencia: igual que pasó con Obsession, el terror reciente más exitoso viene de creadores que nacieron fuera de los estudios. Parsons no adapta un guion preexistente: traduce una sensación que la audiencia ya compartía, y lo hace con la confianza de quien conoce cada rincón de su propio universo.

Esa confianza tiene un costo. El ritmo es pausado y hay tramos en los que parece que no sucede nada, pero el aislamiento, la incertidumbre y la sensación de locura nacen justamente de ahí, de los espacios liminales y de la espera. El suspenso de Backrooms no se parece al terror habitual: no busca el susto, busca que te preguntes qué es ese lugar, quiénes son esas personas y por qué hay algo ahí donde no debería haber nada. Es la misma lógica de los cortos de Parsons, llevada a 110 minutos.

Kane Parsons durante una entrevista en 2026
Kane Parsons, creador de Backrooms, durante una entrevista en 2026. Lachlan y Austin Macfarlane, CC BY 4.0

UN TERROR QUE SE SIENTE EN LOS ESPACIOS Y EN EL SONIDO

Lo mejor de la película es cómo se ve y cómo suena. Los escenarios combinan escenografía construida para filmar con espacios creados en Blender, y esa mezcla le da a los pasillos un realismo que un fondo puramente digital no lograría. Sumada a una banda sonora inquietante y confusa en el buen sentido, la experiencia visual te mete en un ritmo en el que todo se siente fuera de lugar, que es exactamente lo que se espera de los Backrooms. Las escenas de acción, cadenciosas y poco convencionales, completan una propuesta que se disfruta más cuando te dejas llevar por la cinematografía.

Fotograma de Backrooms
Fotograma de Backrooms. A24

El guion, las actuaciones y la historia, en cambio, no ofrecen nada particularmente innovador. Todos hacen su trabajo como debe ser y no encuentro puntos negativos en eso, pero tampoco hay un elemento que destaque por encima de lo visual. No me parece un defecto: la película no pretende ser una gran obra actoral, pretende ser un lugar al que entras.

UNA PELÍCULA QUE LE EXIGE ALGO AL ESPECTADOR

Ahí está también su punto menos satisfactorio. Si llegas sin conocer nada de la historia de internet ni de los cortos de Kane Parsons, es muy probable que termines la función sin entender qué acabas de ver. La película pide un conocimiento básico del tema y no hace demasiado por explicarlo, y tampoco ayuda un final bastante abierto, que deja muchas preguntas en el aire. Todo apunta a que el estudio planea expandir este universo, así que seguramente veremos más productos de Backrooms en el futuro.

Disfruté mucho la película, pero creo que hay un universo detrás de lo que vimos y no todo el público tendrá la paciencia ni el contexto para entrar. La balanza se inclina a lo positivo por un margen amplio para el fan y más estrecho para el espectador casual, y lo que venga después dirá si Parsons puede contar historias más allá de ese primer lugar.

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