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Send Help: La fantasía del empleado varado con su jefe, llevada más lejos de lo esperado

Sam Raimi convierte la fantasía de quedar varado con el jefe que odias en un thriller de humor negro que se atreve a cambiar de lado a la audiencia.
Dylan O'Brien y Rachel McAdams sentados en una playa en Send Help Dylan O'Brien y Rachel McAdams sentados en una playa en Send Help
Dylan O'Brien y Rachel McAdams en Send Help. 20th Century Studios

Send Help es entretenida, y ese es su mayor mérito. Sam Raimi, el director de Evil Dead y Drag Me to Hell, regresa a una mezcla de suspenso y humor negro con Rachel McAdams y Dylan O’Brien como dos compañeros de oficina que quedan varados en una isla desierta tras un accidente aéreo. La película, producida por 20th Century Studios y escrita por Damian Shannon y Mark Swift, llegó a los cines el 30 de enero de 2026 con una premisa que explora una de las fantasías más recurrentes de cualquier empleado: qué pasaría si te quedaras varado con el jefe que odias y él te necesitara para sobrevivir. No esperaba tanto de la película y terminó sorprendiéndome más de lo que imaginaba.

LA FANTASÍA DE VENGANZA DE TODO EMPLEADO

Debo admitir que fue un deleite ver cada uno de los momentos que utilizó la protagonista para vengarse de su jefe. Quizá la escena en la que finge cortarle el miembro es mi favorita: me hizo crujir los dientes, y un aplauso para Dylan O’Brien, que estuvo muy destacable en esa secuencia. A pesar de que su personaje estaba “paralizado”, sus expresiones faciales hicieron la escena todavía más horrorífica. Es una de esas secuencias que explican por qué la película funciona: toma una situación que cualquiera ha imaginado en su peor día de trabajo y la lleva hasta su versión más incómoda, sin dejar de ser divertida.

Rachel McAdams con una lanza y ropa improvisada en la isla de Send Help
Rachel McAdams en Send Help. 20th Century Studios

UN GIRO QUE ARRIESGA Y SE SOSTIENE

Todo pintaba para ser una de las típicas historias en las que el villano se reivindica después de ser humanizado por los tratos de su víctima. Pero aquí le doy crédito a la película por el giro dramático que toma la historia, que honestamente no vi venir. Si bien se nos va jugando con la idea de que la protagonista se está convirtiendo en la victimaria, no creí que de verdad lo llevaran al extremo al que lo llevaron. Supongo que, a veces, el riesgo, cuando se plantea de manera congruente, hace que la audiencia ceda y siga el rollo de la película.

No es tan común ver desenlaces como el de Send Help, en los que la audiencia no sabe de qué lado estar ni a quién apoyar. Rachel McAdams hace un trabajo muy sólido al lucir como la única persona cuerda en esa isla, hasta que la vemos proyectar toda esa gentileza y apariencia de hospitalidad transformada en una locura. Evitaré los spoilers, porque creo que vale la pena descubrir el desenlace por cuenta propia y no arruinar la experiencia.

Con muchas producciones de Netflix y otras plataformas no tienes idea de lo que vas a ver; hay varias que se sienten hechas para cumplir con un calendario y marcar una casilla, y creía que esta iba a ser una de ellas. Le doy una palomita por el hecho de intentarlo. Se parece, en ese sentido, al tipo de cine de género que también celebramos en Widow’s Bay o en Obsession: historias pequeñas que se atreven a incomodar.

Póster de Send Help con Rachel McAdams y Dylan O'Brien
Póster de Send Help. 20th Century Studios

LO QUE LE FALTA Y LO QUE SE DISFRUTA

No todo es perfecto. Uno de los puntos débiles son los efectos especiales, que, para fortuna de la película, no son muchos, así que no interrumpen de manera constante la experiencia. Aun así, la película logró lo que muchas no consiguen: tener un presupuesto contenido, de unos 40 millones de dólares, y convertirlo en un éxito. Debutó en el primer lugar de la taquilla de Estados Unidos y Canadá con alrededor de 20 millones de dólares, y su recaudación mundial se acerca a los 94 millones. En Rotten Tomatoes tiene un 93% de aprobación de la crítica y 88% de la audiencia, números que concuerdan con la sensación de haber visto algo que cumple y deja buen sabor de boca.

Es una película agradable, sin destacar demasiado, pero que cumple con ser entretenida, con darnos una historia que no flaquea y con buenas actuaciones, tanto de Rachel McAdams como de Dylan O’Brien. Lo mejor es lo que hace con una fantasía de oficina que cualquiera reconoce: se atreve a llevarla más lejos de lo que esperábamos y a cambiar de lado a la audiencia a mitad del camino. Lo que queda pendiente es una pulida en lo técnico, pero eso no impide que, para quien busque pasar un buen rato, Send Help sea una propuesta a la que vale la pena darle una oportunidad.

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