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The Odyssey: Nolan no es fiel a Homero, y no necesita serlo

La versión de Nolan se aleja de Homero, pero convence en pantalla grande aunque sus personajes y su guion se queden cortos.
Primer plano de Matt Damon como Odiseo al atardecer en The Odyssey Primer plano de Matt Damon como Odiseo al atardecer en The Odyssey
Fotograma de The Odyssey con Matt Damon como Odiseo. Universal Pictures

The Odyssey llegó a los cines el 17 de julio con un peso encima que pocas películas cargan: adaptar la Odisea de Homero es una tarea que nadie hace sin que alguien, en algún lado, esté esperando para decir que lo hizo mal. Christopher Nolan escribió y dirigió esta versión de casi tres horas con Matt Damon como Odiseo, Anne Hathaway como Penélope, Tom Holland como Telémaco y un reparto que incluye a Robert Pattinson, Zendaya y Charlize Theron. Me gustó, aunque con reservas, y creo que la mejor manera de entenderla es dejar de medirla con la vara del clásico. No es una adaptación fiel de la obra original y tampoco lo pretende: es una película de Christopher Nolan, y desde ahí funciona mejor que desde la reverencia a Homero.

EL VESTUARIO YA ANUNCIABA UNA ADAPTACIÓN QUE NO PEDÍA PERMISO

La polémica empezó mucho antes del estreno. Cuando salieron las primeras imágenes, el casco corintio con cresta roja de Odiseo y la armadura oscura de Benny Safdie como Agamenón provocaron críticas de quienes señalaron que no correspondían a lo que usaría alguien de esa época. Para los lectores más celosos del texto, aquello fue la primera señal de que esta Odisea no iba a respetar al pie de la letra su fuente. Nolan defendió el diseño y explicó que está basado en investigación, pero la discusión dejó claro algo útil: cuando se toca una obra con este peso cultural, cada decisión visual se vuelve una declaración.

Matt Damon como Odiseo en The Odyssey
Matt Damon como Odiseo en The Odyssey. Universal Pictures

El tamaño del fenómeno confirma por qué importa tanto. Con un presupuesto estimado de 250 millones de dólares, la película supera los 1,700 millones en taquilla mundial, lo que la ubica como la segunda película más taquillera del año, solo detrás de Spider-Man: Brand New Day. Hay un público dispuesto a pagar por ver la Odisea en pantalla grande, y eso habla de la vigencia de un relato con casi tres mil años que sigue siendo, para muchos, una referencia obligada. Cuando una historia así regresa al cine con presupuesto de superproducción, la conversación deja de ser solo sobre la película y pasa a ser sobre lo que la gente cree que merece el clásico.

Y esa primera impresión no estaba equivocada. La película abre directamente en Troya, elimina a los feacios y el marco de Odiseo contando sus aventuras, importa a Sinón de la Eneida de Virgilio y le da la vuelta a la relación entre Penélope y Telémaco, con una madre que reprende a su hijo. Los dioses pesan menos que las decisiones humanas y el diálogo es deliberadamente moderno. Otros episodios conocidos sufren ajustes parecidos: el Cíclope pierde su truco más famoso y Calipso aparece reinterpretada como una figura más comprensiva que la del poema. Entiendo que a buena parte de quienes miran la obra original con recelo estos cambios no les hayan caído bien. Yo prefiero verlos como lo que son: una apuesta creativa que asume el riesgo de alejarse del texto en lugar de ilustrarlo, y que se puede discutir sin pretender que sea una traducción en imágenes.

UNA PELÍCULA QUE TE RECUERDA PARA QUÉ SIRVE EL CINE

Donde The Odyssey gana sin discusión es en la sala. Es la primera película rodada completamente con cámaras IMAX de 70 mm, con más de dos millones de pies de película expuestos, y se filmó en locaciones reales de Marruecos, Grecia, Islandia e Italia, con un barco modificado que el reparto tuvo que aprender a remar. Eso se siente en pantalla: las escenas de acción están ejecutadas con una claridad que ya no es común, y los efectos prácticos, entre ellos un Cíclope construido con animatronics y títeres, dan a la experiencia un peso físico que los fondos digitales rara vez consiguen.

Caballo de madera exhibido en el estreno de The Odyssey en Nueva York
Caballo de madera exhibido en el estreno de The Odyssey en Nueva York, 14 de julio de 2026. Philip Romano, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Es un recordatorio de por qué vale la pena salir de casa: el formato, el sonido y la escala no se traducen a una pantalla chica, y esta es de esas películas que existen para la gran pantalla. La duración es larga, pero en ningún momento se siente lenta, y esa fluidez es una de las razones por las que perdoné con facilidad varios de sus tropiezos.

LOS PERSONAJES SON EL PUNTO MÁS DÉBIL

Aquí está mi reserva principal. Ninguno de los personajes tiene una profundidad que se pueda tocar, y cuesta mucho trabajo entender por qué hacen lo que hacen. El resultado es un elenco enorme y talentoso que pasa por la pantalla sin dejar una huella emocional comparable con la de las escenas de acción. La interpretación de Tom Holland es, para mí, una de las más flojas de la película: su Telémaco es un personaje insípido y la actuación se siente plana. Sé que otros lo han visto de otra manera, pero a mí no me convenció.

El guion es probablemente el aspecto que más flaquea, y aun así el conjunto se sostiene. Las puestas en escena, los escenarios y el ritmo compensan buena parte de lo que falta en la escritura, y por eso la película funciona a pesar de su punto débil, no gracias a él. Es un equilibrio que durante el metraje cumple su cometido de mantenerte atrapado, aunque no estoy seguro de que resista bien una segunda mirada.

La balanza se inclina a lo positivo. No estoy seguro de que sea una adaptación a la altura de lo que significa la obra clásica, y tengo dudas sobre varios de sus personajes, pero tampoco creo que tenga que serlo: vista como lo que es, una película de Christopher Nolan, es una experiencia que se disfruta en pantalla grande y que se queda con uno más por su escala que por su corazón.

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