Toy Story 5 tenía que resolver un problema que ninguna de las cuatro entregas anteriores había enfrentado: la saga sobre juguetes que cobran vida cuando nadie los ve ahora compite contra el aparato que más distrae a los niños. Dirigida por Andrew Stanton, quien escribió el guion junto a Kenna Harris, la película llegó a salas el 19 de junio con Tom Hanks y Tim Allen de regreso como Woody y Buzz Lightyear, y con Greta Lee como la voz de Lilypad, una tableta con forma de rana que Bonnie adopta como su nuevo juego favorito. Con 102 minutos de duración, un presupuesto de 250 millones de dólares y más de 1,100 millones de recaudación mundial, es un éxito indiscutible. Mi tesis es que la película hace la pregunta correcta sobre el lugar de los juguetes en la era de las pantallas, pero la responde con la cautela de una franquicia que no puede permitirse perder a nadie en el camino.
LA PREGUNTA CORRECTA EN EL MOMENTO CORRECTO
El planteamiento es de los más afortunados que ha tenido la saga en años. En lugar de buscar otra aventura de rescate, la película parte de una preocupación real para cualquier familia: los niños prefieren cada vez más las pantallas táctiles a los juguetes tradicionales, y el tiempo frente a ellas crece. Para los personajes, eso significa preguntarse qué quiere decir seguir siendo relevantes cuando la atención de su dueña está en otro lado. Es una versión moderna del conflicto que ha sostenido a Toy Story desde 1995, el miedo a ser reemplazado, y que en cada entrega encuentra una amenaza distinta.
Hay, además, un elemento irónico que vale la pena notar. Una franquicia de Disney y Pixar, que vive de vender entretenimiento en pantalla y también juguetes, plantea una advertencia sobre las pantallas, y la propia marca lanzó una versión de juguete de Lilypad, según reportes de la prensa especializada. No creo que eso invalide el mensaje, pero sí lo coloca en un terreno donde la película tiene que ser cuidadosa con lo que afirma, y esa cautela se nota en el tono general.

Quien dirige es Andrew Stanton, el mismo de Buscando a Nemo y WALL-E, y no es casual que sea él quien se haga cargo de una historia sobre pantallas. WALL-E ya imaginaba un futuro de humanos pegados a sus dispositivos, y esta película retoma esa preocupación desde un ángulo más doméstico y cercano: no el fin del mundo, sino la hora de jugar de una niña. También es relevante la decisión de darle a la tecnología una voz y una personalidad: al poner a Greta Lee como Lilypad, la tableta deja de ser un objeto abstracto y se convierte en un personaje con el que los juguetes pueden conversar, lo que suaviza el conflicto y evita caer en un discurso simple contra la tecnología.
UNA FRANQUICIA QUE JUEGA A LA DEFENSIVA
Los números cuentan una historia de aprobación firme pero no unánime. La crítica la dejó en 92% en Rotten Tomatoes, con 330 reseñas, y 73 sobre 100 en Metacritic, mientras que el público le dio una A en CinemaScore. Son cifras muy buenas para cualquier película, pero en una saga que ha tenido algunas de las mejores calificaciones del cine animado, varios reportes la ubican como la de menor puntaje de las cinco. No es un golpe a su calidad, sino una señal de cómo se mide a una franquicia con tanto prestigio.
El presupuesto explica parte de esa prudencia. Con 250 millones de dólares, es una de las animaciones más caras jamás realizadas, y una película con ese costo busca llegar a todo el público a la vez. La banda sonora de Randy Newman mantiene el vínculo emocional con las anteriores, y la canción de Taylor Swift, I Knew It, I Knew You, es una apuesta de alcance más amplio. Son decisiones lógicas desde lo comercial, aunque dejan la sensación de que la película prefiere asegurar su impacto antes que arriesgar un tono más incómodo con el tema que ella misma plantea.
EL GUION ES EL ESCOLLO
Entre quienes la elogiaron, la crítica señaló como puntos fuertes las imágenes, las voces, el humor y la temática. Entre quienes tuvieron reservas, el reproche más repetido se dirigió al guion. Es un reclamo coherente con lo que se ve desde afuera: la premisa abre una discusión que da para más que lo que una comedia familiar de 102 minutos puede explorar, y es probable que el desarrollo prefiera resolver con soluciones cómodas lo que podría haber sido una pregunta más difícil.
Con un reparto que incluye a Joan Cusack como Jessie, Conan O’Brien como Smarty Pants, Craig Robinson como Atlas y Alan Cumming como Evil Bullseye, la película cuenta con voces que dan carácter incluso a personajes menores. Esa riqueza de elenco es uno de sus mayores atractivos, aunque también pone sobre la mesa el riesgo habitual de las secuelas largas: más personajes de los que la historia puede atender con profundidad.
La balanza se inclina a lo positivo por un margen cómodo. Es una película bien hecha, con un tema que conecta con el presente y una calidad técnica a la altura de lo que se espera de Pixar. Pero también es una película que, por proteger lo que construyó la saga, no llega a sacar toda la fuerza de la idea que la hace distinta. Para una quinta entrega, mantener el nivel ya es un logro; la pregunta que queda es si la siguiente se atreverá a ir más lejos.