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Ready or Not 2: Here I Come: Una secuela divertida que repite la fórmula

La secuela de Radio Silence tiene buena acción y mucha sangre, pero no innova y deja dudas sobre una tercera entrega.
Samara Weaving y Kathryn Newton con ropa manchada de sangre en un jardín Samara Weaving y Kathryn Newton con ropa manchada de sangre en un jardín
Samara Weaving y Kathryn Newton en Ready or Not 2: Here I Come. Searchlight Pictures

Las secuelas de películas muy queridas casi nunca llegan con las puertas abiertas, y Ready or Not 2: Here I Come lo sabe. Radio Silence, el dúo formado por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, regresa con los guionistas originales Guy Busick y R. Christopher Murphy para continuar la historia de Grace, otra vez con Samara Weaving al frente, ahora junto a Kathryn Newton como Faith, su hermana distanciada. El reparto incluye a Sarah Michelle Gellar, Elijah Wood y David Cronenberg, y la película se estrenó el 20 de marzo de 2026 con Searchlight Pictures. Es una secuela divertida, pero que repite lo que hizo la primera sin atreverse a ir un paso más allá.

UNA CONTINUACIÓN QUE SE ATA A SU CONCLUSIÓN

La película toma como punto de partida lo que cerró la primera: un nuevo juego, con las familias más poderosas del mundo compitiendo para ver cuál se queda con el trono del dominio mundial, todo derivado del pacto sobrenatural que sostenía el juego en la entrega anterior. Se siente un poco salido de la nada, pero hay que aceptar la idea y seguir adelante. El problema es lo que hace con ella: no vemos ninguna innovación respecto a la película anterior. La estructura del terror se inclina más hacia el lado del gore que hacia el psicológico, y lo que antes era tensión y sorpresa ahora es sangre en cantidades muy grandes.

Los muchos momentos gore funcionan porque quienes mueren son, básicamente, monstruos dispuestos a lo que sea para ganar más poder, lo cual hace más tolerable tanta violencia. En ese sentido la película entiende su propia lógica moral. Lo que me parece más débil es la manera en que decide gastar el mundo que construyó: la idea de familias poderosas que hicieron contratos con entidades demoníacas para controlar el mundo daba material de sobra, y parece que los guionistas no encontraron más ideas para explorarlo.

LA PELEA ENTRE HERMANAS Y LAS ESCENAS QUE SÍ FUNCIONAN

Resulta incómodo ver una película en la que los protagonistas se odian mientras hay algo mucho, mucho más grande en juego: sus propias vidas. Incluso después de ver morir gente a su alrededor y de ser perseguidas, las dos hermanas siguen convencidas de que sus diferencias son más grandes que la situación. Es una decisión de guion que busca darle un corazón emocional a la película, pero que en la práctica frena el ritmo y hace difícil identificarse con ellas. En lugar de explorar ese universo de poder y pactos, la historia opta por centrarse en una discusión familiar mientras las muertes se acumulan.

Pasando por encima de un guion flojo, las secuencias de acción están muy bien hechas. Los efectos visuales y prácticos están a la altura, a veces un poco más caricaturescos, lo cual es comprensible: de lo contrario habríamos tenido solo escenas gore, y eso puede cansar al espectador. Lo que se aleja de lo que funcionó en la primera película son las actuaciones, exageradas y casi indeseablemente cómicas, que siguen el ánimo general del tono pero que le quitan a la historia el filo que tenía antes.

Samara Weaving y Kathryn Newton asustadas en una escena de la película
Grace y Faith en la segunda entrega. Searchlight Pictures

UNA SEGUNDA PARTE QUE DEJA DUDAS SOBRE UNA TERCERA

El desenlace va por el mismo camino que la película anterior, y eso refuerza la sensación de repetición. Los números muestran una película querida por quienes la vieron más que por el público en general: abrió con unos 9.1 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, en cuarto lugar, con un presupuesto reportado de 14 millones de dólares y un acumulado mundial cercano a los 43 millones. En Rotten Tomatoes tiene 75% de aprobación de la crítica y 90% de la audiencia, y obtuvo la etiqueta Certified Fresh.

Queda una película entretenida, con buena acción y un reparto que se entrega al tono de la película. Lo que se disfruta es el ritmo de sus secuencias y su ánimo de pasar un buen rato; lo que quedó pendiente es la idea de universo que prometía y no explora. Fue una película divertida de ver, pero no estoy seguro de que merezca una tercera parte: ¿qué podrían hacer con ella? Es la misma pregunta que me hice cuando anunciaron la segunda, y sigo sin una buena respuesta. Se parece, en ese sentido, a otras apuestas recientes del género que revisamos en Obsession, una historia de terror más pequeña que apostó por una sola idea.

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