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Michael: Un concierto de grandes éxitos que se detiene donde empieza la polémica

La biopic de Michael Jackson cumple como espectáculo musical, pero se queda corta como biografía por lo que decide dejar fuera.
Jaafar Jackson como Michael Jackson sonriendo entre fans con un gramófono de los Grammy Jaafar Jackson como Michael Jackson sonriendo entre fans con un gramófono de los Grammy
Jaafar Jackson como Michael Jackson en Michael. Lionsgate / Universal Pictures

Michael es una de esas películas cuyo resultado se puede leer en dos columnas que casi no se tocan. En una están los números: más de mil millones de dólares en taquilla mundial, la cifra más alta que ha alcanzado una biopic, y un público que la calificó con una A- en CinemaScore. En la otra, una crítica que la dejó en 38% en Rotten Tomatoes y 39 sobre 100 en Metacritic. Dirigida por Antoine Fuqua y escrita por John Logan, con Jaafar Jackson interpretando a su tío en su debut cinematográfico, la película repasa la vida de Michael Jackson desde los Jackson 5 hasta su primera gira como solista. Mi lectura es que funciona como un concierto de grandes éxitos y se queda corta como biografía, y que la decisión más reveladora de la película no está en lo que muestra, sino en dónde decide terminar.

UNA PELÍCULA HECHA PARA EL FAN, NO PARA EL ESCÉPTICO

La brecha entre público y crítica no es una casualidad ni un malentendido, es una descripción bastante precisa de a quién le habla la película. Las reseñas negativas coinciden en un reproche: la historia es genérica y formulaica, avanza de hit en hit con poca idea de lo que hay detrás de cada uno y toca los puntos esperables de una biografía musical sin añadir una mirada propia. El público que llenó las salas, en cambio, fue a ver exactamente eso. Una encuesta de salida reportó 90% de opiniones positivas y 84% de recomendación firme, cifras que no sorprenden cuando el producto es una repasada emocional por canciones que buena parte del mundo conoce de memoria.

Los números de estreno confirman la lectura. La película abrió con 97 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá y alrededor de 217 millones a nivel mundial, una marca para el género de biografías musicales, y terminó con unos 372 millones en el mercado estadounidense y 656 en el resto del mundo. Con 127 minutos y un presupuesto entre 155 y 200 millones, no está construida para sorprender sino para confirmar. Tiene sentido comercial y emocional para quien llega con cariño previo, pero ese mismo diseño explica por qué el espectador que busca una explicación del personaje sale con las manos casi vacías.

La película tardó años en llegar a las salas. Su desarrollo se reportó en 2019, Fuqua fue nombrado director en 2023, el rodaje se hizo en 2024 y el estreno pasó por refilmaciones y cambios de fecha antes de llegar en abril de 2026, con Lionsgate a cargo de la distribución en Estados Unidos y Universal en el resto del mundo. Un proceso así deja huellas en el resultado, y la sensación de producto muy cuidado, con pocas aristas, encaja con una película que pasó por tantas manos antes de llegar a pantalla.

Esta imagen difundida por Lionsgate muestra, desde la izquierda, a Judah Edwards como el joven Tito, a Jaylen Hunter como el joven Marlon, a Juliano Krue Valdi como el joven MJ, a Nathaniel McIntyre como el joven Jackie y a Jayden Harville como el joven Jermain en una escena de “Michael”. (Glen Wilson/Lionsgate vía AP)

JAAFAR JACKSON Y LA MÚSICA SOSTIENEN LO QUE EL GUION NO ALCANZA

Si hay un acuerdo entre quienes la defienden y quienes no, es que el trabajo de Jaafar Jackson es lo más sólido del conjunto. Su voz, sus movimientos y la recreación de la actuación de Motown 25 son las secuencias donde la película logra lo que se propone. Para alguien sin experiencia previa en cine, cargar con un papel que exige cantar, bailar y sostener una de las imágenes públicas más reconocibles del siglo XX es una apuesta enorme, y se defiende mejor de lo que se esperaría. La banda sonora, con 13 canciones de los Jackson 5 y de la carrera como solista, hace el resto del trabajo emocional.

A su alrededor, el reparto es ambicioso: Colman Domingo como Joseph Jackson, Nia Long como Katherine, Miles Teller como John Branca, Mike Myers como Walter Yetnikoff, Larenz Tate como Berry Gordy y Kendrick Sampson como Quincy Jones. Es un elenco de peso que, en una película con tanta canción y tanto salto en el tiempo, tiene poco espacio para construir personajes más allá de su función. La estructura prioriza el recorrido sobre las relaciones, y eso se nota en la sensación de repaso que dejan sus mejores y peores momentos.

Esta imagen difundida por Lionsgate muestra a Jaafar Jackson como Michael Jackson en una escena de “Michael”. (Lionsgate vía AP)

LA DECISIÓN MÁS REVELADORA ES DÓNDE TERMINA

La película cubre desde la década de 1960 hasta finales de la de 1980, y cierra con la gira Bad en 1988. Fuera de campo quedan las acusaciones que aparecieron en 1993 y marcaron el resto de la vida del cantante. Vale la pena ser preciso con lo que se sabe: el estudio confirmó que hubo refilmaciones que cambiaron el final, y la prensa especializada informó que el material eliminado chocaba con un acuerdo previo entre la familia de uno de los acusadores y el patrimonio del artista. El director ha dicho que abarcar esos años habría requerido otra película, y el filme cierra con un letrero que anuncia que la historia continúa.

Entre los productores figuran John Branca y John McClain, los albaceas del patrimonio de Michael Jackson. Eso no invalida la película, pero sí obliga a leerla con ese dato presente: cuando quienes administran el legado participan en producir la biografía, el resultado se acerca más a la memoria administrada que al retrato. Entiendo la lógica comercial y también la de contar una historia acotada en un periodo definido. Aun así, dejar fuera una parte tan determinante de la vida del personaje es una limitación estructural, no un detalle, y es difícil hablar de biografía cuando la película se detiene justo antes de lo que más conversación genera.

La balanza se inclina a un terreno intermedio. Como experiencia musical y como vitrina para Jaafar Jackson cumple, y los números muestran que la audiencia encontró lo que buscaba. Como retrato de un personaje complejo, la película pasa por encima de casi todo lo que lo hace complejo. Con una secuela en desarrollo, la pregunta que queda es si la siguiente entrega estará dispuesta a ocuparse de lo que esta dejó fuera.

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